miércoles, 24 de noviembre de 2010

OBSERVACIONES BIBLIOGRAFICAS

Os aconsejo que busquéis en la red bibliografía de Manuel Castells, y que localicéis el articulo que os reseño a continuación. Desconozco la ruta de red, pero sus datos son los siguientes; título e índice.

UNIVERSIDAD CENTRAL DE CHILE
FACULTAD DE ARQUITECTURA, URBANISMO Y PAISAJE
DEL PAISAJE
Proyecto de investigaci.n: ³Alfonso Raposo / Marco Valencia
Mayo de 2003
Temario.
1.Introducci.n.
2.La cr.tica al interior del propio pensamiento moderno.
2.1. Humanizar la ciudad.
2.2. La cr.tica existencialista.
2.3. La cr.tica marxista.
2.4. la cr.tica situacionista.
2.5. La Escuela de Frankfurt.
3.El quiebre, la disrupci.n: el regreso de la significaci.n.
3.1. Venecia y Las Vegas. Escenarios para una crisis.
3.2. La influencia estructuralista.
3.3. La cr.tica historiogr.fica. M.s all. del estructuralismo.
4.El estallido posmoderno.
4.1. Antecedentes.
4.2. Cartograf.as.
4.2.1.Teor.a y cr.tica. Deconstrucci.n, lugar, significaci.n.
4.2.2. Historiograf.a posestructural.
4.2.3. Historiograf.a radical.
Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Paisaje de la a Universidad Central
de Chile.

Otro artículo inportante es el siguiente;

El lugar de la naturaleza y la naturaleza del
lugar: ¿globalización o postdesarrollo? Arturo Escobar


1. Traducción del original en inglés por Eleonora García Larralde
2. Departamento de Antropología, Universidad de North Carolina.
3. El presente trabajo le debe mucho al trabajo y al diálogo con Arif Dirlik, a Julie Graham y al ecólogo mexicano,
Enrique Leff, cuyo apoyo e interés aprecio enormemente. Le debo también a Libia Grueso, Yellen Aguilar y Carlos
Rosero, del PCN (Proceso de Comunidades Negras del Pacífico), a quienes les agradezco hayan compartido conmigo
su sofisticado conocimiento y su comprensión de la ecología política del PCN, presentada en la última parte del
trabajo.
En ellos encontrareis las referencias requeridas.

Artículo; Lugar, identidad y geografías-Doreen Massey

Lugar, identidad y geografías de la responsabilidad
en un mundo en proceso de globalización1
Doreen Massey
Open University (Regne Unit)
Resum
Aquest article explora alguns vincles entre el tema de la “identitat” i la responsabilitat
política i social en el context de l’actual “societat global” injusta i desigual. Per
això es desenvolupa la idea d’atorgar “un sentit global de lloc” per a deduir que la
identitat de qualsevol lloc no està només arrelada dins d’aquest lloc sinó que es construeix
en bona mesura mitjançant les relacions d’interdependència amb altres llocs.
Paraules clau: identitat, lloc, societat global
Resumen
Este artículo explora algunos vínculos entre el tema de “identidad” y la responsabilidad
política y social en el contexto de la actual “sociedad global” injusta
y desigual. Para ello, se desarrolla la idea de “un sentido global de lugar” para
deducir que la identidad de cualquier lugar no está arraigada simplemente dentro
de éste sinó que se construye en buena parte a través de las relaciones de interdependencia
con otros lugares. Este concepto plantea nuevos desafíos políticos.
Palabra clave: identidad, lugar, sociedad global
1 Conferència presentada a la Societat Catalana de Geografia el 26 de setembre de 2003 en el marc
de la clausura del XVIII Congreso de la Asociación de Geógrafos Españoles. El subratllat i les cometes són
de l’autora.
Abstract
This article explores some links between the issue of “identity” and political
and social responsibility in the current context of an unfair and unequal
“global society”. For that reason the idea is developed of a “global sense of
place” in order to explain that the identity of any place is not simply rooted in
it but to a great extent constructed through the interelationships with other
places. This conception poses new political challenges.
Key words: identity, place, global society
El título de mi conferencia es: “Lugar, identidad y geografías de la responsabilidad
en un mundo en proceso de globalización”. Es decir, quisiera explorar
algunos vínculos entre el tema de “identidad” (específicamente la identidad
de los lugares) y la cuestión de nuestra responsabilidad (política y social)
dentro de esta “sociedad global”, tan injusta y desigual.
Yo vivo en Londres y estoy en cierto modo involucrada en la política de la
ciudad. Hay un alcalde más o menos izquierdista, Ken Livingstone, que estuvo
al frente del Consejo de Londres cuando fue abolido por Margaret Thatcher
en los años ochenta. Londres es también un lugar ubicado en una posición
clave y poderosa dentro de la organización y la difusión de la mundialización
neoliberal. Es una “ciudad global”. Y es esta conjunción la que ha provocado
las ideas que voy a discutir aquí. Mi pregunta es: ¿Cuáles podrían ser en esta
situación las posibilidades de una política radical, local, y al mismo tiempo global?
Se trata, claro, de una situación específica, pero los temas que voy a explicar
son de carácter general, y deberían formar parte del debate político en
muchos lugares (llamados “locales”) sobre todo en el primer mundo. Mi punto
de partida es, pues, el de una situación política, pero soy geógrafa y quisiera
proponer que hay temas claramente geográficos y conceptuales que forman
también parte del tema de este congreso: identidad, diversidad y la construcción
de una sociedad global más justa.
Se dice que vivimos en un mundo de enlaces, es la época de la globalización,
y que el poder de actuación del estado nación disminuye. Dicen que vivimos
cada vez más en un espacio global de flujos, más que de territorios. Son grandes
declaraciones y a menudo exageradas. Pero es verdad que hay cambios muy importantes
en cómo experimentamos y en cómo se organizan el espacio y el lugar. En
el mundo existen, entonces, transformaciones “empíricas” de lo que se quiere
decir cuando se habla de “globalización”. Al mismo tiempo en algunas ciencias
sociales (y en la geografía) ha habido un fuerte y fértil debate sobre la reconceptualización
del espacio y del lugar. Así es que en la actualidad conceptualizamos
el “espacio” como producto de relaciones, una complejidad de redes, vínculos,
prácticas, intercambios tanto a nivel muy íntimo (como el del hogar) como a
nivel global. Para mí esto es fundamental e implica, por una parte, que si el espa-
78 Treballs de la SCG, 57, 2004 Doreen Massey
cio no es simplemente la suma de territorios sinó una complejidad de relaciones
(flujos y fronteras, territorios y vínculos) ello implica que “un lugar”, un territorio,
no puede ser tampoco algo simple, cerrado y coherente. Al contrario, cada
lugar es un nodo abierto de relaciones, una articulación, un entramado de flujos,
influencias, intercambios, etc. Y eso implica algo más que tiene que ver con
un tema de este congreso, el de identidad. Es decir que la especificidad de cada
lugar es el resultado de la mezcla distinta de todas las relaciones, prácticas, intercambios,
etc. que se entrelazan dentro de este nodo y es producto también de lo
que se desarrolle como resultado de este entrelazamiento. Es algo que yo he denominado
“un sentido global de lugar”, un sentido global de lo local.
Hay algo aquí que es muy importante: la identidad de un lugar –cualquier
lugar– no está arraigada simplemente dentro del lugar, sinó que está compuesta
también por relaciones externas. La identidad nacional de Inglaterra está constituida
por una larga historia de relaciones imperialistas y no se puede imaginar
sin tener en cuenta esta herencia de contactos internacionales. Igualmente,
la identidad de Londres, una ciudad llena de efectos, influencias tanto del presente
como del pasado, de una red compleja de contactos e interdependencias
internacionales, no se puede entender sin tener en cuenta el resto del mundo.
Es una ciudad “global” y poscolonial. Es decir, no hay lugares que existan con
identidades predeterminadas que luego tienen interacciones, sinó que los lugares
adquieren sus identidades en muy buena parte en el proceso de las relaciones
con otros. La identidad de un lugar siempre está en proceso de cambio, de
formación, de modificación. En definitiva, lo local y lo global se constituyen
mutuamente. Dicho así, tan simplemente, puede parecer un argumento obvio,
pero creo que tiene unas implicaciones muy importantes, y una de ellas es la
que quisiera explorar esta noche.
Hasta aquí he hablado de cambios empíricos y conceptuales, pero hay que
tener en cuenta que estas reformulaciones conceptuales siempre han estado
muy incrustadas dentro de compromisos políticos, en particular el proyecto
de otorgar un sentido global a lo local fue desarrollado con el objetivo de minar
los nacionalismos y los sentidos localistas exclusivistas. El ejercicio de conceptualizar
el espacio y el lugar nos debe permitir una apreciación de la especificidad
local (aunque reconceptualizada con términos nuevos) y al mismo tiempo
facilitar una imaginación más abierta y más internacionalista. Es sobre este
intercambio entre reformulación conceptual e interrogación política que quisiera
avanzar en este momento.
Esta manera de imaginar la “identidad” puede conducirnos a múltiples direcciones.
Primero puede conducirnos a explorar dentro del lugar, hacia una apreciación
de su complejidad interna, es decir una apreciación de las multiplicidades,
de la diversidad de cada identidad. Esto es, el lugar como punto de
encuentro, como negociación constante, como hibridismo ineludible. Como
decía anteriormente, Londres es una ciudad poscolonial; es quizás la más mezclada
–en términos étnicos– del mundo. Y aún más, esta diversidad interna es
un aspecto importante en la identidad de la ciudad, reconocida y aún celebra-
Lugar, identidad y geografías de la responsabilidad en un mundo en proceso de globalización 79
da por la población. Este aspecto del lugar nos propone unos desafíos muy difíciles:
los desafíos del racismo, de los problemas de la migración internacional,
de asilo y de refugio, el reto de una ética hacia la “hospitalidad”. En Londres
hay una política local multicultural bien establecida que hace frente a este aspecto
de la identidad. En segundo lugar, existe otra dirección dónde puede conducirnos
imaginar la identidad del lugar. Un sentido global de lugar (de lo
local) implica también que cada país, región, ciudad se construye en buena
parte a través de relaciones de interdependencia que la vincula a otros lugares.
Ello conduce a preguntarnos: 1) ¿cuál es la geografía de estas relaciones de construcción?
Y 2) ¿cuál es, o cuál debería ser, nuestra relación política y social, en
definitiva nuestra “responsabilidad”, hacia estas relaciones? Planteo esta cuestión
porque en Londres, en contraposición a la fuerte política interna de responsabilidad
hacia la diversidad étnica, hay una relativa falta de sensibilidad
hacia el mundo exterior (y estoy segura que Londres no es la única).
Por supuesto, hay aquí en juego muchos debates, incluso algunos dentro de
la geografía; por ejemplo, una reacción común a preguntas similares es: “sí...
pero el lugar local tiene mucha más significación de la que tiene el espacio global”.
En la literatura geográfica sobre lugar y espacio existe una letanía de palabras
que se usan con frecuencia para evocar el “lugar”: experiencia vivida, el
mundo real, el mundo concreto, radicado, arraigado, lo cotidiano, vivido... es
decir, hay una evocación persistente de la autenticidad y de la significación. El
lugar se plantea necesariamente, como parte esencial de este discurso, como
opuesto al espacio, que por consiguiente se entiende como algo abstracto, el
exterior global del lugar, sin significado. Casey expone que “Vivir es vivir en
la localidad, y conocer es ante todo conocer el lugar donde uno vive”. Dirlik,
por su parte dice que “La lucha por el lugar concreto es una lucha contra el
poder y la hegemonía de la abstracción”. Carter, Donald y Squires en su introducción
al libro titulado precisamente Space and Place (Espacio y Lugar) escriben:
“el lugar es un espacio al que se le ha atribuido una significación”. Esta
última cita me interesa especialmente porque, y es a mí a quien se ha atribuido
esta idea! Al contrario, creo que en esta manera de imaginar el “lugar” se
esconden muchos riesgos tanto conceptuales como políticos; es un romanticismo
de lo local que puede hacer más difícil una política más amplia.
Si aprobamos el planteamiento de que el mundo se construye “en relación”
y de que lo local y lo global se constituyen mutuamente, de ello se desprende
que esta forma de oposición entre lugar y espacio resulta inadecuada. “La
realidad de nuestras vidas cotidianas” tiene, en verdad, una geografía de vínculos
y de contactos, con extensiones diversas, algunas de las cuales posiblemente
sean globales. Y los recursos (materiales y discursivos) y las repercusiones
de nuestras vidas “cotidianas” pueden extenderse hacia el mundo entero.
Yo no creo que podamos proponer el “espacio” como simplemente algo exterior
del lugar “vivido”. La vida diaria de Londres involucra necesariamente a
toda una gama de vínculos que se extienden alrededor del planeta, y son vínculos
económicos, sociales, culturales que contribuyen integralmente a la cons-
80 Treballs de la SCG, 57, 2004 Doreen Massey
titución –a la identidad– de este lugar. ¿Podrían ustedes definir un territorio
cerrado que contuviera la realidad de su vida cotidiana? Yo no lo podría hacer.
Sin embargo, lo que yo quiero sostener no es que “el lugar” no tenga estas
características de significación, de materialidad, de cotidianedad, etc., sino
que “el espacio” también las tiene. Bruno Latour, el filósofo de las ciencias, se
pregunta en su libro “Nous n’avons jamais été modernes”: “un ferrocarril, ¿es
local o global?” y su respuesta es que no es ni el uno ni el otro exclusivamente.
Es “global”, ya que uno puede viajar desde París hasta Vladivostock, pero
en todas partes es local, ya que consiste en vías, estaciones, trabajadores... Si
conceptualizamos “el espacio” en términos de relaciones y lo hacemos rigurosamente
entonces el espacio global no es más que la totalidad de todas las
relaciones, los vínculos, las prácticas de comunicación (y no comunicación,
falta de..., etc.), de comercio, de intercambio e influencia cultural, y éstas
están completamente arraigadas, son concretas, cotidianas. El reto es cómo
reorientar la imaginación para que podamos verdaderamente tener en cuenta
esta realidad de nuestros vínculos con el resto del mundo. Y no solamente
en un sentido ético muy general sinó porque podría ser muy importante en
la construcción de una política “local” y al mismo tiempo “global”. Por ejemplo,
¿cómo podemos dar un sentido más “abierto” a la imaginación cotidiana
londinense? Mientras convivimos en la ciudad... ¿cómo podemos tener una
consciencia tácita del mundo más amplia a través del cual se reproduzca nuestro
lugar local? Me parece que esto es importante debido al hecho que en los
países desarrollados tenemos una geografía de la atención y de la responsabilidad
que se asemeja a las muñecas rusas: primero el hogar, luego la localidad
y a continuación el país. Hay un entendimiento hegemónico –y una imaginación
geográfica hegemónica– que hace que nos preocupemos y nos hagamos
responsables prioritariamente de los que están más cerca. Es una “geografía
de la responsabilidad social y política” que tiene dos características
críticas: una que es territorial y otra que se extiende desde un origen local
hacia lo global.
Hay otro elemento conceptual que es importante subrayar, la tendencia a
imaginar los lugares locales como si fueran “productos” de la globalización;
es decir, como víctimas de la globalización. Existe una política, y también
una literatura académica, que plantea que lo importante en este período de
globalización de corte neoliberal es “defender el lugar”; defender lo local contra
la invasión (y siempre se percibe como invasión) de las fuerzas globalizantes.
La gran mayoría de estos estudios provienen de investigaciones sobre
el efecto de la globalización en lugares que experimentan dificultades debido
a la globalización, ya sean en el tercer mundo o en el primero, y desde la perspectiva
de tales lugares es verdad que las fuerzas de la globalización parecen
llegar desde fuera, y que los lugares son “víctimas” de fuerzas externas. El
lugar –lo local– parece ser víctima de lo global. Pero si el espacio se conceptualiza
como resultado de prácticas y relaciones sociales, si los lugares son
nodos de relaciones entrelazadas dentro de esta geometría –esta topología–
Lugar, identidad y geografías de la responsabilidad en un mundo en proceso de globalización 81
de poder social y si se toma en serio que lo local y lo global se constituyen
mutuamente, de eso se desprende que: 1) los lugares locales no son puramente
ni productos ni víctimas de la globalización; 2) cada lugar representa
una mezcla distinta, un entretejido de relaciones sociales dentro de las
cuales un lugar puede tener una posición dominante, mientras que en otras
relaciones tiene una posición más o menos subordinada; y 3) en algunos
lugares la misma globalización neoliberal es producida, coordinada y orquestada.
En efecto, son “lugares de poder”. Londres es un ejemplo claro (aunque
no único): es un centro financiero con inversiones de fondos de todo
el mundo, sede de múltiples empresas multinacionales, etc. Y este hecho
tiene implicaciones inmediatas: en tales lugares hay potencialmente cierta
posibilidad de influir –por medio de la política local– sobre los mecanismos
globales más extensos; y estos “lugares de poder” (de los que hay
muchos) representan a mi juicio un desafío político completamente distinto.
No es posible simplemente “defenderlos”; hay que abandonar cualquier
“romanticismo de lo local”; y lo importante en tales lugares es precisamente
ponerlos en duda, transformarlos.
Lo que me preocupa es una especie de “exculpación” o de “exoneración” de
lo local. En lugares donde se organizan elementos de la globalización neoliberal
–como Londres y otros muchos lugares en Cataluña y España– lo importante
es tomar responsabilidad de esta posición de poder. Hay dos filósofas
feministas que han reflexionado mucho sobre la cuestión de “responsabilidad”.
Se llaman Moira Gatens y Genevieve Lloyd y se interesan por la cuestión de
la responsabilidad por el pasado (en su caso la responsabilidad de los blancos
en Australia por la historia de opresión a los indígenas). En su libro Collective
Imaginings escribieron: “Al entender cómo nuestro pasado continúa en nuestro
presente entendemos también las exigencias de la responsabilidad por el
pasado que llevamos con nosotros, el pasado en el que nuestras identidades se
forman. Somos responsables por el pasado no debido a lo que hemos hecho,
como individuos, sino debido a lo que somos.” Es decir, una responsabilidad
hacia estas relaciones a través de las cuales se construyen nuestras identidades.
Y mi pregunta es: ¿esta dimensión temporal (histórica) de la responsabilidad
por el pasado, se puede traducir en lo espacial (en lo geográfico) y en el presente?
Porque igual que “el pasado continúa en nuestro presente” también lo
lejano se entrelaza en nuestro lugar “local”.
En este momento, mi lugar local es Londres. Y en Londres acaban de publicar
un “Plan” para la ciudad, un programa. Y este Plan da muestras de la misma
falta de interés en el mundo exterior de la que hablé antes. Se reconoce, por
supuesto, que Londres es una ciudad global, pero entiende esta identidad en
términos casi solamente financieros (Londres como centro financiero dominante
en el mundo globalizado), y dentro de este marco ya restringido, no
ofrece ningún análisis crítico de las relaciones de poder que sostienen esta
posición; no sigue estas relaciones financieras fuera de la ciudad; no hace ninguna
investigación sobre los efectos, en otras partes del mundo, de estas acti-
82 Treballs de la SCG, 57, 2004 Doreen Massey
vidades financieras. Entiende, caracteriza, el sector financiero simplemente
como “un éxito”. Y el programa se centra en que la posición de Londres como
ciudad global financiera debe mantenerse y ampliarse. Es decir, el Plan no se
enfrenta ni a su propio poder (el poder dentro de la ciudad de Londres) ni a
la subordinación de otros lugares locales que son el resultado del uso de este
poder. No hace frente a las desigualdades globales sobre las cuales son construidos
el estatus, la riqueza, el prestigio de la ciudad. Cuando el Plan sí menciona
las relaciones con otros lugares, el análisis siempre demuestra una preocupación
con respecto a la competencia con otros lugares. Todo esto representa,
a mi juicio, una falta de imaginación y cohíbe la posibilidad de inventar una
política local alternativa en relación al mundo exterior y a la globalización
neoliberal.
Pero Londres no es el único ejemplo. Estoy segura que la mayoría de los
Planes en las ciudades del primer mundo son así. Dentro de un mundo relacional
(un mundo de flujos) hay que desarrollar una política igualmente de
flujos, una política que reconozca también el poder que se encuentra siempre
dentro de estos flujos, estas relaciones. A lo mejor, en cada lugar debería haber
un debate no solamente sobre los efectos de la globalización neoliberal sino también
sobre nuestras responsabilidades en su producción. Y hay aquí un papel esencial
que podemos desempeñar nosotros, los geógrafos: en la reconceptualización
del espacio global, en la reimaginación del lugar local, y en la investigación
de toda la gama de relaciones sociales (relaciones necesariamente de poder) por
las que la identidad de nuestros “lugares locales” se constituyen y se mantienen
dentro de este mundo llamado globalizado.
Para el caso de Londres, es posible proponer algunas sugerencias. Se podría
ampliar la concepción de “global” en el papel de “ciudad global” para incluir
los vínculos culturales, una gama más amplia de sectores sociales y vínculos
familiares de las minorías étnicas ya presentes dentro de la ciudad. Ésta sería
una política que tendría efectos más igualitarios tanto sociales como espaciales
dentro de una ciudad que ha priorizado los sectores y la élite financieros.
Por otra parte, también con más coraje se puede poder en duda los términos
de la globalización actual. Se podría dar ayuda a los sindicatos para que también
pudieran mundializarse (una política que siguió el Consejo en los años
ochenta), y también a las organizaciones de “intercambio justo” y a las No
Gubernamentales (de las que hay muchas con sedes en Londres). Se podrían
hacer investigaciones públicas de las actividades de empresas con sede en la
ciudad; establecer vínculos cooperativos, relaciones de diálogo con otros lugares
en lugar de competir con ellos; y quizás establecer una red de ciudades
“izquierdistas”. Hay muchas pequeñas cosas que pueden hacerse. Y aunque
pueda parecer ingenuo pretender grandes cambios sí que es posible cambiar
un poco la dinámica de la globalización actual. Pero el efecto más importante
sería estimular un debate sobre el papel de Londres dentro de la globalización,
y provocar una concienciación de las relaciones geográficas a través de las cuales
la ciudad se mantiene y desarrolla su identidad.
Lugar, identidad y geografías de la responsabilidad en un mundo en proceso de globalización 83
Referencias
CARTER, E.; DOANLD, J.; SQUIRES, J. (1993). Space and Place: theories of identity
and location. Londres: Lawrence and Wishart.
CASEY, E. (1996). “How to get from space to place in a fairly short stretch of
time”. En: FIELD, S.; BASO, K. [eds.] Senses of place. Santa Fé: School of
American Research, p. 14-51.
DIRLIK, A. (1998). “Globalisation and the politics of place”. Development,
vol.41, núm. 2, p. 7–13.
GATENS, M.; LLOYD, G. (1999). Collective imaginings: Spinoza, past and present.
Londres: Routledge.
LATOUR, B. (1993). We have never been modern. Londres: Harvester Wheatsheaf.
84 Treballs de la SCG, 57, 2004 Doreen Massey

6 - Procesos de fluidez

La incorporación de las tecnologías de la información en la práctica arquitectónica no
ha tenido tan sólo consecuencias vinculadas con las nuevas posibilidades formales y
expresivas que éstas facilitan. La aplicación de los sistemas digitales supone una
transformación de los modos de vida a escala global. Algunos equipos de arquitectos
han estado especialmente atentos a las nuevas funciones que la arquitectura debe
incorporar en el seno de una sociedad en constante cambio, donde los valores de
solidez y perdurabilidad han dado paso a un pensamiento arquitectónico vinculado
con la velocidad, la flexibilidad y la fluidez de la sociedad contemporánea. Muchos
proyectos tratan de constituirse como estructuras abiertas que permitan reunir un alto
grado de complejidad en los usos posibles que acogen una vez construidos. Pero la
complejidad arquitectónica relacionada con la fluidez y flexibilidad de los modos de
vida de la era digital no reside únicamente en las formas y los usos de los proyectos,
pues es también fundamental la manera en que ha afectado al proceso mismo de
creación y en la organización de los estudios de arquitectura.
En efecto, las oficinas en las que se proyectan algunos de los edificios más
representativos de la arquitectura contemporánea pueden definirse como redes de
creación y de organización de información, donde se incorporan todas las
posibilidades de las tecnologías de la comunicación. La “idea” arquitectónica es
progresivamente compleja y descentralizada, articulándose a nivel internacional con
los colaboradores necesarios. Por ello, una consecuencia lógica ha sido el auge de
los estudios de arquitectura configurados con más de un arquitecto responsable. Los
retos y las exigencias de una arquitectura que se produce (y compite) a escala global
generan modos altamente complejos y flexibles de organización de los estudios y de
sus procesos creativos.
Uno de los estudios de arquitectura que han sabido aprovechar y conceptualizar más
imaginativamente la complejidad de las condiciones contemporáneas de producción
arquitectónica y la flexibilidad de los procesos de proyectación ha sido, sin duda, el
equipo FOA (Foreign Office Architects), dirigido por Alejandro Zaera-Polo y Farshid

125
Moussavi. Pertenecientes a lo que ellos mismos denominan como una segunda
generación de arquitectos que operan en un ámbito globalizado1, el núcleo de sus
intereses se diferencia de los de la primera generación, que se caracterizaba por la
“consistencia estilística”. El trabajo de FOA se aleja de la idea de estilo para
centrarse en la evolución, la complejidad y la mutación que buscan acoger tanto en
cada uno de sus proyectos como en su trayectoria arquitectónica. La imagen fluida y
mutable de una ola (como la ola pintada por Hokusai2, que constituyó la imagen
metafórica de su primer gran proyecto a escala internacional –la Terminal Marítima
Internacional de Yokohama– y que puede entreverse en las ondulaciones de su
proyecto para el Fórum de Barcelona) es también la de su modo flexible, evolutivo y
mutante de entender la arquitectura en la era de lo digital.

Fig 1: Concepto del proyecto “La gran ola de la
costa de Kanagawa”, pintada por Hokusai.
1 ZAERA-POLO, Alejandro; MOUSSAVI, Farshid, Filogénesis. Las especies de FOA, Barcelona:
ACTAR, 2003, pag.7.
2 Esta imagen es “La gran ola de la costa de Kanagawa”, pintada por Hokusai, un famoso artista
japonés de finales de 1800 y principios de 1900. Es parte de Las 36 vistas de la serie de Fuji
(1823-29). Esta impresión suele usarse como un grafico en la literatura de tsunamis; sin embargo,
los tsunamis no siempre se manifiestan como la gigantesca ola que aparece en la figura. Revista
Quaderns, 245: Q 5.0, abril 2005, pag. 79.

126

6 . 1 E l p r oceso como m a t e r i a l c o nst r u c t i v o
La principal característica de FOA a la hora de hacer arquitectura es el modo con el
que dan prioridad al proceso de trabajo. Al empezar un proyecto, no tienen ninguna
idea definida de cuáles serán los elementos espaciales que intervendrán en el
resultado. Por ello, no trabajan buscando un resultado formal concreto, sino que
dejan que sea el propio proceso de diseño arquitectónico el que vaya indicando las
decisiones a tomar. En otras palabras, se entiende el proceso de trabajo como un
organismo que evoluciona y se adapta a los condicionantes externos. Se consideran
estos condicionantes no como una limitación a la creatividad del arquitecto, sino
como un factor clave con el cual enriquecer el proyecto.
Deudores también del trabajo y la postura ideológica de Peter Eisenman, como él,
usan la técnica de la superposición de formas e ideas. Combinan las lecturas
contextuales del sitio con los aspectos materiales y buscan, por este camino, la
complejidad en lo que denominan “el relato contextual del sitio”. La superposición de
capas de ideas que progresivamente se van asociando al proyecto, define un
“modelo diagramático” con el que obtienen una imagen compleja y sintética de las
intenciones que buscan explorar. Esta imagen flexible de conceptos y formas se usa
para distorsionar constantemente el diseño original y hacer un nuevo diseño que
sigue las líneas y direcciones sugeridas por la evolución del modelo diagramático.
Exploran la escala y la rotación, tratando de encontrar una forma significativa de los
elementos analizados y realizan una argumentación que la articule conceptualmente.
En su estudio no existen jerarquías ni protocolos de comunicación. Tampoco la toma
de decisiones responde a una estructura piramidal. Todo el mundo participa de todo.
Se promueve la reflexión y el debate interno para crear un marco de trabajo del que
todos se sientan parte integrante. Este debate en torno a las ideas, además de tener
una evidente aplicación práctica, es la manera con la que FOA, como estudio, se
convierte en un centro generador de teoría. Todo el material, teórico y práctico,
generado de forma paralela al proyecto arquitectónico, se convierte así en una
especie de sistema de retroalimentación. En cierta medida, es sobre este modo de

127

operar que se establecen los fundamentos teóricos del estudio. El equipo, por tanto,
se ve emplazado a generar conocimiento y a innovar en sus propuestas formales.
Esto supone una mayor implicación y un esfuerzo más intenso por parte de los
integrantes del equipo. Esta energía obtenida a partir de la experimentación, el
debate y el compromiso de todos los que intervienen en el proyecto explica la
complejidad formal del resultado. Esta manera de trabajar responde tanto a la
explotación de novedosos recursos creativos como a la voluntad de hacer una
arquitectura acorde con su tiempo. La flexibilidad de los sistemas en red y la
mutabilidad de los proyectos concebidos como organismos vivos se aplica no desde
la mímesis formal, sino incorporando ya en su génesis la inestabilidad del presente.
Se entiende el papel del arquitecto como agente que debe operar en un mundo
globalizado y en cambio continuo.
Podríamos afirmar que el interés de FOA por los métodos y procesos de trabajo
antes que el interés por un fin concreto concebido desde lo formal, se contrapone a la
manera con que Frank O. Gehry concibe la arquitectura. En Gehry, el proyecto
empieza partiendo de unas premisas claras sobre qué tipo de efectos espaciales
deben incluirse. Por el contrario, en FOA no se preconcibe nada ni se diseñan
efectos espaciales a priori. En FOA, tal como ellos afirman, la prioridad es explorar
los materiales y las técnicas como fuente de conocimiento, a partir de modos de
generar ideas y efectos: “Nosotros no controlamos el efecto final desde el comienzo.
Estamos interesados en que el proyecto nos devuelva un efecto final quizá
inesperado, pero mantenemos en todo momento el control del proyecto. Lo que
hacemos es construir el sistema que genera el proyecto.”3
3 DÍAZ MORENO, Cristina; GARCÍA GRINDA, Efrén, “Complejidad y consistencia. Una
conversación con Farshid Moussavi y Alejandro Zaera”, El Croquis 115-116 [I], 2003.

128

Su arquitectura es narrativa en el sentido de que el resultado final es un reflejo de la
evolución que el proyecto ha seguido a lo largo del proceso de su gestación. De este
modo, la generación de complejidad es más alta que la que se produciría mediante
un trabajo que operase con ideas fijas. Zaera y Moussavi describían esta apertura
narrativa de su arquitectura en una entrevista: “Quizá sea éste el avance más
importante que la tecnología de la información ha incorporado a nuestra práctica:
podemos diseñar, sintetizar y proliferar historias específicas, guiones para un
proyecto. Escribir un proyecto, como Eisenman; introducir un desarrollo secuencial
más que desplegar una forma, una imagen. Proliferar, esperar el surgimiento del
proyecto. Código de escritura: a ver qué pasa si. Ya no estamos atrapados por la
compulsión tradicional de reproducir modelos históricos o inventarlos desde cero. No
tenemos que producir un proyecto como una reproducción, derivación o invención de
un modelo histórico. Para producir complejidad no necesitamos hacer collages:
podemos sintetizar los procesos de generación como una especie de movimiento
acelerado, añadiendo información integralmente a la construcción. Estos añadidos
secuenciales e integradores producen efectos más ambiguos y más capaces de
resonar a distintos niveles que las declaraciones, metáforas, alegorías o
reproducciones ideológicas expresadas clara y abiertamente.”4
Desde sus primeros proyectos, el equipo de FOA ha ido elaborando sus propias
claves para la representación de sus propuestas, explorando el arsenal de recursos
gráficos que les permiten manejarlas y expresarlas adecuadamente. Su interés por
buscar fórmulas que acojan y registren la evolución narrativa de su trabajo les ha
llevado recientemente a trazar un modo específico para representar el modo general
en que evoluciona su trayectoria (bajo la noción de “filogénesis”, que se tratará al
final del capítulo) y otro para el modo en que cada proyecto se constituye mediante
una complejidad de ideas y funciones, para el cual han recuperado la noción de
“diagrama”.
4 ZAERA-POLO, Alejandro, “Como una montaña rusa”, Verb Processing, Barcelona: ACTAR, 2001.

129

6.2 Diagramas
“Es muy importante distinguir entre un diagrama, un dibujo y un gráfico, que
constituyen el arsenal técnico de la arquitectura no representativa. Los diagramas se
han convertido en otro tema clave del discurso arquitectónico, después de unos
cuantos años de olvido”5. Un modelo diagramático va más allá de representar de una
manera gráfica los aspectos funcionales. Su intención es asociar componentes
metodológicos y expresiones de ideas. El diagrama no tiene porqué contener
necesariamente datos métricos o geométricos, pues éstos resultan del despliegue de
otros diagramas o de la propia información que incorpora el programa del proyecto o
de las asociaciones metafóricas que busca indagar. Es un instrumento para
determinar y explorar el comportamiento arquitectónico del proyecto de un modo
abierto y experimental. Por ello, como ellos mismos señalan: “Un diagrama puede
estar ligado a ciertas áreas de actuación –por ejemplo, a determinado tamaño o a la
extensión de las organizaciones en estudio– y se refiere a procesos que ocurren a
veces en el espacio real y a veces en otras dimensiones de la realidad.”6
En el diagrama de la figura (Fig. 2) se destacan de forma rápida y directa las
siguientes características: se expresan las fuerzas que actúan en el proyecto; se
resume y abarca la complejidad de un sistema; se genera una gran riqueza de ideas
y conceptos; se controla el proceso evolutivo de la forma; se representan visualmente
las decisiones arquitectónicas ante los rasgos espaciales del proyecto.
5 FOA, “Código FOA Remix 2000”, 2G 16, 2000, pág. 140.
6 ZAERA-POLO, Alejandro, “Como una montaña rusa”, Verb Processing, Barcelona: ACTAR, 2001.
130

Fig. 2: Diagrama _render de la Virtual House (1997)
Según palabras de Manuel Gausa, un diagrama es “la representación gráfica del
curso de un proceso dinámico sintetizado mediante compresión, abstracción y
simulación”7. Esta síntesis tiene que ser lo más económica posible. Y es
precisamente en esta economía que el diagrama encuentra su valor expresivo y
operativo. De este modo, el diagrama es capaz de sugerir a través de su potencial,
que es al mismo tiempo una visión sintética del proyecto y un incentivo para el
desarrollo del mismo.
7 GAUSA et al, The Metapolis Dictionary of Advanced Architecture, Barcelona: ACTAR, 2003, pag.
162.
131

Como dice Stan Allen8, “lejos de las teorías clásicas basadas en la imitación, los
diagramas no clasifican o representan objetos ya existentes, sino que anticipan
nuevas organizaciones y especifican relaciones todavía no realizadas. El diagrama
no es simplemente una reducción de un orden existente. Su abstracción es
instrumental, y no un fin en sí misma”. Su manifestación gráfica es a la vez formal y
programática, es decir, transmite la forma y el contenido del objeto arquitectónico.
Explica la forma y también su actividad. El diagrama no es algo cerrado, sino una
descripción de posibles relaciones entre elementos. Siguiendo con Stan Allen, el
diagrama “no sólo [es] un modelo abstracto de cómo las cosas se comportan en el
mundo, sino un mapa de posibles mundos”. Con el diagrama, por tanto, el contenido
no es algo fijo y cerrado, sino que es una multiplicidad de potenciales.
Pero los diagramas no reducen su función al proceso interno del estudio. Tan
importante como la propia concepción del proyecto, es la comunicación del mismo.
Por un lado, es necesario que los técnicos que colaboran en el trabajo (arquitectos,
ingenieros, etc.) entiendan qué tienen entre manos. Pero este interés por comunicar
o transmitir el proyecto no se limita a los agentes directamente implicados en su
realización; también es importante poder comunicar el proyecto a promotores y
clientes. Es necesario que entiendan de la manera más clara y rápida posible los
argumentos y las repercusiones de la obra arquitectónica. Y si ampliamos el radio de
acción de la arquitectura contemporánea, encontramos a los profesionales y a los
estudiantes de arquitectura, pues su demanda de revistas y libros especializados es
muy importante. Por ellos pasa, en definitiva, la difusión del trabajo de los estudios
más relevantes de cada generación. Es en este sentido que también cobra especial
relevancia la capacidad comunicativa del proyecto, y en los últimos años se ha hecho
cada vez más significativo el tiempo y los medios empleados en los estudios para
asegurar esta comunicación. Más allá de lo que hasta ahora se entendía como
práctica profesional de un estudio de arquitectura, la comunicación se convierte en
8 ibídem.
132

una tarea fundamental a tomar en consideración dentro de los estudios de
arquitectura.
Los diagramas adoptan un nuevo sentido con las tecnologías digitales especialmente
porque los recursos gráficos se convierten en elementos de contenido, no solo
formal, sino también informativo y de registro del proceso. De este modo un esquema
gráfico, puede establecer relaciones, distintas versiones, ser compartidos,
convirtiéndose en un soporte de discusión conceptual más que en una representación
concreta. Aunque el diagrama hace referencia y puede estar vinculado a archivos
formales determinados, su integración en los sistemas de información y
comunicación lo establecen como un archivo múltiple. Además las herramientas más
sofisticadas de planificación (think-thank), bases de datos o cálculo se convierten en
soportes de diagramas que recogen una estrategia determinada, pero a la vez
variable y cargada de definiciones arquitectónicas (Fig. 3). En este sentido, con las
tecnologías digitales el diagrama alcanza un rol intermediario entre las complejidades
del proceso y las complejidades de la forma, en un estado de permanente fluidez.
133

Fig. 3: Diagrama de la planta desplegada de la Casa Virtual, 1997.
134

6 . 3 Topogra f í a s de l a c o mpl e j idad
Con lo que hasta ahora se ha estado señalando, vemos cómo la incorporación de los
sistemas digitales en la arquitectura contemporánea supone, para algunos
arquitectos, más que una simple aplicación de herramientas, un modo de pensar y de
expresar la complejidad y la fluidez de los modos de vida de nuestro tiempo. Para
rastrear con más detalle las ideas y el modo de trabajo del estudio FOA, en relación
al mapa que esta investigación trata de situar, se analizarán principalmente dos de
sus proyectos: la Terminal Internacional Marítima de Yokohama, y el conjunto del
Parque Litoral y Auditorios del Sureste realizado para el Fórum de Barcelona.
El concurso para la Terminal Internacional Marítima de Yokohama realizado en 1994
(Fig. 4) supuso un importante punto de inflexión en la trayectoria de FOA. Ganar el
concurso les ofreció la oportunidad de hacer realidad aquello que hasta entonces tan
sólo había sido imaginado. Todo el equipo de FOA tuvo que hacer el esfuerzo de
demostrar que eran capaces de llevar a cabo un proyecto de tal envergadura. Les
llevó siete años, pero consiguieron satisfacer a aquellos que habían depositado su
confianza en un nuevo modo de experimentar la arquitectura. El carácter
eminentemente tecnológico con el que se expresaba una nueva sensibilidad en los
proyectos presentados, ha hecho que se haya llegado a afirmar que “históricamente
se considerará el concurso en que se produjo la eclosión de la arquitectura
concebida digitalmente”9.
Las palabras del equipo de FOA, acerca del proyecto de Yokohama, muestran
claramente su interés por articular conceptos procedentes de filósofos como Gilles
Deleuze, y un modo de entender la arquitectura que trata de explorar el carácter
abierto y flexible de la era de la comunicación y los flujos de información: “Nuestra
propuesta para la nueva terminal será como un dispositivo de mediación entre el
9 MASSAD, Fredy; GUERRERO YESTE, Alicia, “FOA: una actitud mental”, en el suplemento
“Culturas” del periódico La Vanguardia, Madrid, 08 de septiembre de 2004.
http://www.vitruvius.com.br/drops/drops09_02e.
135

sistema de espacios públicos de Yokohama y la gestión del flujo de pasajeros. Un
mecanismo para una desterritorialización recíproca: la de un espacio público que
rodea la terminal, y la de una estructura funcional que se convierte en el molde de un
espacio público atipológico, un paisaje sin instrucciones para ser ocupado”10.
Fig. 4: Render de la presentación para el concurso del Puerto Internacional de Yokohama, Japón.
El concepto inicial del proyecto se resumía en el intento de generar una organización
a partir de un modelo de circulación, como desarrollo de la idea de hibridación entre
un cobertizo –un contenedor más o menos indeterminado– y el suelo. El primer paso
fue elaborar el diagrama de circulación como una estructura de bucles entrelazados
que permitiera múltiples vías de regreso. La conexión entre las vías de circulación
siempre se determinó como una bifurcación, por lo que más que fijar el programa
como una serie de espacios adyacentes con límites más o menos determinados, se
articuló como una secuencia ramificada a lo largo del sistema circulatorio. Una vez
10 ZAERA-POLO, Alejandro, “Como una montaña rusa”, Verb Processing, Barcelona: ACTAR,
2001.
136

establecidas las primeras ideas de funcionamiento, se llegó a lo que ellos denominan
“diagrama de no-retorno”, que es el primer intento de que el edificio tuviera un
particular rendimiento espacial. Su simplicidad es tal que da oportunidad de generar
a partir de él todo el sistema de flujos que luego aparecerá en el edificio construido.
El diagrama explica la circulación de visitantes, personal, coches y barcos a través
de la terminal y del espacio público superior. Se trata sólo de un esquema
bidimensional con todo tipo de anotaciones. En un desarrollo posterior de este
diagrama, se añaden vistas renderizadas de los espacios señalados, produciendo
con el dibujo en 3D el efecto final del espacio proyectado (Fig. 5). Finalmente, el
diagrama tridimensional de circulaciones relaciona, mediante una vista axonométrica
explosionada con líneas y flechas coloreadas, los distintos niveles del edificio y sus
conexiones tanto horizontales como verticales.
Al mismo tiempo, se acopla la geometría de la superficie generada a partir de la
curva spline, en una geometría de curvas complejas, hecha a partir de una gama de
siete radios, produciendo la superficie a partir de la intersección de superficies
cónicas o cilíndricas de radios regulares, con el objetivo de simplificar el proceso de
fabricación. La continua necesidad de producir más información condujo a la
consideración de construir las jácenas a través de la rotación a intervalos regulares
de las mismas plantillas de montantes a lo largo de las “líneas de control”, que
también debían acoplarse a curvas complejas. Se pensó también en producir simetría
local en los pliegues transversales, haciendo que la entrega con las jácenas se
realizara de forma ortogonal. Para conseguirlo, se pasó de la retícula transversal
paralela del proyecto del concurso a una retícula topológica basada en las líneas de
control que determinaban la geometría de las jácenas. De esta forma, se pasaba de
un espacio de bandas o “rasterizado”, en el que cada punto está determinado por
información local, a un espacio vectorial, en el que cada punto está determinado por
órdenes globales diferenciadas. “Este tipo de descubrimientos son aquéllos que
pensamos que pueden convertir los procesos de naturaleza meramente técnica en
disciplina arquitectónica, dejar que surja la disciplina a partir de la producción y no
137

tanto a partir de una relación crítica o ideológica con la constitución previa de la
disciplina”11.
Durante el proceso de construcción, la compleja geometría tridimensional de la
estructura significó para FOA el problema más interesante del proyecto. Tratar de
resolverlo originó toda una serie de geometrías y formas inesperadas, surgidas
espontáneamente de la propia pragmática proyectual.
Un ejemplo de cómo el resultado formal iba evolucionando con el desarrollo del
proyecto fue la determinación de la trama geométrica del proyecto, de la retícula12.
En la fase de concurso, la propuesta se generaba por un análisis de la localización
espacial a través de una secuencia de secciones transversales paralelas que
describían las condiciones locales cada 15 metros y se acoplaban a lo largo del eje
del edificio. La necesidad de tener más información en la determinación del proyecto
provocó el aumento de la resolución de las secciones transversales de 15 a 5 metros,
introduciendo dos nuevas secciones en cada banda, además de la evolución de las
plantas (Fig. 6 y 7). Estas nuevas secciones se determinaron mediante la técnica de
“líneas de control” –basadas en la ubicación de elementos como las plataformas de
embarque y para visitantes, el aparcamiento, los vestíbulos, etc.– convertidas en
splines. Con esta técnica se consiguió establecer un argumento de coherencia entre
las distintas secciones.
El uso de múltiples secciones permite controlar la geometría del edificio en intervalos
muy pequeños. Este recurso funciona muy bien en aquellos casos en que el edificio
presenta secciones cambiantes y es necesario conocer la información que se
acumula en cada una de ellas. En este ejemplo observamos cómo los requerimientos
de la fase constructiva y su resolución a través de medios informáticos dan lugar al
resultado formal del edificio. Sin el uso de unos sistemas digitales capaces de
11 Ibídem.
12 Ibídem.
138

modificar datos y fórmulas a lo largo del proceso de diseño y construcción del
proyecto arquitectónico, la realización de la obra hubiera sido imposible. Con estas
técnicas auto-generativas a partir de unas referencias concretas, se consiguió
agilizar el proceso de diseño e integrarlo a las necesidades constructivas.
En Yokohama la superficie del suelo se dobla sobre sí misma. Forma pliegues que
además de producir y contener los recorridos que atraviesan el edificio –creando así
las condiciones diferenciales del programa– proporcionan también resistencia
estructural, si pueden observar en los renders diversos para su mejor comprensión
(Fig. 8 y 9).
Otro aspecto interesante, que refleja el interés del estudio en valorar las aportaciones
surgidas a lo largo del proceso, es que si bien la mayor parte del proyecto de
Yokohama fue diseñado en el estudio de FOA en Tokio, los detalles constructivos se
proyectaron en el estudio provisional que se abrió en la misma entrada del muelle de
Yokohama, justo al lado de la obra, y desde el cual se fue siguiendo el proceso
constructivo y proyectando nuevas soluciones en función de la evolución que el
propio proyecto tomaba. Esto supuso la posibilidad de cambiar o mejorar el proyecto
a medida que se construía. Se constató así la importancia que tiene la evolución de
las ideas, el proceso de proyecto y, también, la importancia del esfuerzo por un
trabajo interdisciplinario y en equipo con los ingenieros, los contratistas y el cliente.
139

Fig. 5: Planta líneas de nivel, Superficie y estructura diferenciación espacial y programática dentro
de un entorno continuo, Puerto Internacional de Yokohama, Japón, 1994.
140

Fig. 6: Secciones renderizadas, del Puerto Internacional de Yokohama, Japón, 1994.
141

Fig. 7: Secciones transversales en secuencias, del Puerto Internacional de Yokohama, Japón,
1994.
142

Fig. 8 y 9: Vistas interiores renders facetados, mostrando la transparencia y contacto externo del
edificio y renders interior y exterior del Terminal del Puerto Internacional de Yokohama, Japón.
143

El proceso contempló también la ejecución de algunas maquetas de estudio por
secciones en materiales transparentes utilizando tecnologías digitales de corte y
ejecución automatizada (Fig.10). Sin embargo éstas se realizaron fuera del despacho
y mas tardíamente que el desarrollo del diseño, por tanto parece fueron destinadas
más a la exhibición y promoción de capacidades avanzadas que a la evolución del
proyecto que se representa gráficamente (Fig.11). Lo que sí supuso una
transformación efectiva del proyecto fue la propia ejecución de la obra, con toda la
realización de detalles en terreno, modificaciones estructurales y selección de
materiales. Muchos tratamientos se fueron distanciando de las imágenes iniciales
que explotaban la abstracción de los recursos digitales (Fig. 12), mientras los
elementos constructivos reales asumían la patina de los materiales y la resolución de
los problemas reales, como barandillas, encuentros, etc. De modo que las imágenes
de la obra construida (Fig.13 y 14) sorprendieron a más de alguno en la realización
física de tantas evoluciones digitales.
Fig. 10: Moldes para la fabricación de la maqueta y Maqueta transparente, del Puerto Internacional
de Yokohama, Japón, 1994.
144

Fig.11: Evolución de la planta del edificio desde enero de 1996 hasta 2000, del Puerto
Internacional de Yokohama, Japón, 1994.
145

Fig.12: Isométrica síntesis wireframe, del Puerto Internacional de Yokohama, Japón, 1994.
Fig.13 y 14: Imágenes fotográficas de la obra construida, del Puerto Internacional de Yokohama,
Japón, 1994.
146

El grupo FOA participó también en el concurso de proyectos para las
transformaciones en el frente marítimo de Barcelona con motivo de la realización del
Fórum Internacional de las Culturas 2004 (Fig. 15). En esta área fue construido un
gran complejo de edificios e instalaciones, en la que FOA desarrolló el proyecto del
Parque Litoral y Auditorios del Sureste (2003).
En este proyecto se observa claramente la manipulación del terreno para originar una
especie de tapiz urbano que se convierte en paisaje. El material, en función de sus
características intrínsecas, configura y da forma al edificio. Según FOA, la forma no
es aleatoria y determinante: “Las actividades tienen propiedades físicas, materiales,
geométricas (peso, fricción, dureza, cohesión, durabilidad, textura, etc.) y, por lo
tanto, pueden ser empleadas para construir de modo similar al que utilizamos con los
materiales físicos tradicionales13” (Fig. 16).
Fig.15: Vista aérea fotográfica del Parque Litoral y Auditorios del Sureste (2003).
13 Ibídem.
147

El objetivo propuesto por FOA es “trascender la consistencia social y lingüística de
los programas, aprender sus propiedades materiales y las formas de construir con
ellos”14. El equipo de FOA intentaba desarrollar una estructura de comandos con un
determinado sentido –un protocolo y una secuencia– de forma que el proyecto fuera
creciendo poco a poco. En palabras del propio Zaera-Polo: “Evidentemente cuando
entras dentro de la herramienta te das cuenta de que te permite pensar de forma
distinta, pero esto fue con lo que empezamos a trabajar bastantes años después. [...]
Esta dinámica empezó a formar parte de la investigación: cómo se puede hacer un
proyecto como si tuvieras que escribir el proyecto antes que el proyecto aparezca.”15
Fig.16: Diagramas del Proyecto de Parque Litoral, 2003.
Este modo de trabajo que evita una prefiguración rígida de la forma final del proyecto
era consecuente también con las ideas que buscaban expresar en él. La fluidez y
mutabilidad de las dunas en las zonas costeras fue la imagen metafórica que sirvió
para desarrollar la estructura organizativa de la obra:
14 Ibídem.
15 Ibídem.
148

“Nuestra propuesta pretende erigirse como una alternativa a la geometría racional,
artificial y lineal, coherente o contradictoria, y a las aproximaciones geométricas que
intentan reproducir los rasgos pintorescos de la naturaleza. Para ello, exploramos las
estrategias que intervienen en la creación de paisajes organizativos complejos que
surgen a partir de la elaboración de topografías generadas artificialmente mediante
una integración controlada de directrices rigurosamente modeladas. El prototipo
organizativo que proponemos para el parque se inspira en las dunas, un modelo
frecuente en las zonas costeras. Constituyen una forma de organización material con
escasa estructura interna, la arena, cuya forma queda a merced del viento. La
estructura de la distribución programática se basa fundamentalmente en el análisis
de las distintas actividades deportivas y de ocio que tendrán lugar en las plataformas
que permiten generar las topografías. Esas actividades se configuran como una red
de varios circuitos, que permite la gradación de distintas rutas o zonas de actividad –
correr, andar, montar en bicicleta o monopatín– y la articulación de una serie de
espacios públicos o áreas de descanso.”16
Con respecto a los grafismos, en las perspectivas se puede apreciar el uso de la
policromía y la visualización del tratamiento de texturas utilizado en el parque. El
empleo, cada vez más frecuente, de grandes cantidades de planos vistosos y muy
coloridos como instrumentos de representación gráfica arquitectónica generó algunos
problemas. Entre ellos destacan la creciente desigualdad entre la presentación de las
leyendas, las actividades propuestas y los pictogramas correspondientes. Eso
dificultó la plena continuidad entre la concepción y la producción de la arquitectura.
Bajo estas condiciones, la representación intenta convertirse en un nuevo
instrumento para realizar una especie de “arquitectura del programa”. O sea, un
proceso que se apoya exclusivamente en el tratamiento de la información en
16 ZAERA-POLO, Alejandro; MOUSSAVI, Farshid, Filogénesis. Las especies de FOA, Barcelona:
ACTAR, 2003.
149

términos de imágenes, iconografías, modelizaciones y colores, saltando etapas del
proceso de producción arquitectónica.
Planos de verdadera magnitud, abatidos, con el despiece de los muros con secciones
cambiantes; control de la geometría cada muy pocos metros; se trataba, en definitiva,
de ir incorporando programa e información según las necesidades requeridas por las
dunas (Fig. 17). Otro tipo de condicionantes a los que se sometió el proyecto del
parque fue el que establecían sus usos potenciales: las pendientes máximas para el
acceso de minusválidos, de un lado. También el ancho de las rampas, establecido
según el volumen previsto de personas circulando. Las diferentes pendientes también
marcaban qué tipo de vegetación era el más indicado en cada caso.
Fig.17: Planos de Parque Litoral, Proyecto de Parque Litoral, Barcelona 2003.
El elemento que en cierto modo establecía la continuidad del proyecto era la pieza
con que se construyó toda la superficie del parque. Por su diseño, el acople entre
piezas podía adaptarse a los diferentes movimientos del terreno. Así, el despiece
cambiante se adaptaba a las distintas topografías. El diseño circular de la pieza
permitía una rotación local en cada pieza en base a su posición respecto a las
adyacentes.
150

Para diseñar esta superficie continua y adaptable a partir de una sola pieza, FOA se
sirvió de la tecnología digital. Se creó una rutina LISP (Fig. 18), un programa
personalizado, que les permitiera controlar la posición y rotación de cada pieza a
partir de la introducción de diversos parámetros. En total se trataba de unas,
aproximadamente, 180.000 piezas. Controlarlas una a una desde sistemas manuales
o tradicionales, incluso con sistemas informáticos convencionales, hubiera sido
totalmente imposible. El uso de un programa informático específico permitió también
probar todo tipo de colocaciones y optimizar al máximo su puesta en obra para
asegurar la perfecta continuidad entre muros y suelo. Ha de tenerse en cuenta que
es la misma pieza la que tanto resuelve el pavimento como los revestimientos de los
muros o de las gradas. Su extrusión da forma a los bancos. Para el diseño de la
pieza, previamente se trabajó con todo tipo de diagramas. También se hicieron
estudios geométricos de cómo tenían que ser los auditorios. Se trabajó, como en
Yokohama, por el sistema de múltiples secciones.
Fig.18: Disposición de Piezas de Pavimento por Rutinas LISP, Proyecto de Parque Litoral, 2003.
151

Aunque FOA sólo lleva diez años en el medio profesional, su trabajo presenta una
evolución significativa en cuanto la representación gráfica. Bien sea por las
exigencias comerciales o por los nuevos programas de animación gráfica, su proceso
de representación arquitectónica ha logrado cambios importantes, especialmente en
los últimos años.
La experiencia adquirida con el proyecto para el puerto de Yokohama, ha servido
para clarificar el mensaje gráfico. Ha posibilitado que el proyecto sea más inteligible
mediante vistas interiores más elaboradas, por la eficacia de la ambientación de las
plantas y alzados y por el uso de fotomontajes y vistas isométricas. La arquitectura
generada en este proceso ha llevado a FOA a la evolución del proceso de proyectar.
En los últimos años, el grupo ha impulsado el desarrollo de una actitud propia y de
una serie de recursos técnicos para su aplicación.
Su pensamiento arquitectónico y su forma de representación se encuentran
vinculados en el proceso de diseño. El resultado está transformado y se intenta que
los objetivos propuestos sean más comprensibles. Los programas de dibujo basados
en algoritmos como instrumentos de representación y, por extensión, de la
concepción del objeto arquitectónico se convirtieron en una realidad de la cultura
digital de nuestro tiempo. Existe una importante tendencia en favor de su utilización,
puesto que a través de la representación digital muchas cosas de difícil
representación por medios convencionales resultan más fáciles de expresar.
152

6 . 4 F i logénesis como i d e a c i ó n g e n é t i c a d e l p roye c to
Hemos señalado anteriormente la importancia de la comunicación de los proyectos –
y de las ideas que lo articulan– en el marco internacional de la arquitectura
contemporánea. Este aspecto es esencial tanto para el modo en que se comunica
cada uno de los proyectos, como para la imagen global de la visión arquitectónica de
un estudio. El equipo de FOA ha sabido valorar la importancia de buscar modos
propios de expresar su proceso, de manera que dé visibilidad a sus líneas de trabajo
sin ajustarlas a condicionantes cerrados fundados en un estilo unitario. A la hora de
comunicar el conjunto de su obra, FOA afirma que en su trayectoria no existe ni un
estilo ni una autoría, sino que intentan buscar la máxima objetividad mediante la
participación y el consenso de todos los miembros del equipo. Por ello, en un
proyecto que analizaba en perspectiva su trayectoria de diez años, ordenaron y
sintetizaron su actividad profesional a través de categorías taxonómicas basadas en
la idea evolutiva y flexible de “filogénesis” (Fig. 19).
De nuevo, observamos el interés del estudio por acercarse a una manera de
entender los procesos creativos de la arquitectura contemporánea, y la manera de
comunicarlos, que se vincula con los avances científicos y tecnológicos más
actuales: “Hoy más que nunca, lo natural y lo artificial se funden literalmente entre sí.
Los alimentos modificados genéticamente, la clonación de animales, las prótesis
orgánicas, los ordenadores biológicos, el genoma humano... son exponentes de una
época en la que la distinción entre naturaleza y artificio ha quedado obsoleta para
describir e intervenir en el entorno del siglo XXI.”17
Esto les lleva a buscar un modo de representar su trabajo en organizaciones que
expresan sus vínculos y mutaciones, entendiendo que los proyectos no son entidades
aisladas entre sí, sino todo lo contrario. Se establecen continuidades entre proyectos,
se influyen unos a otros según el desarrollo específico de cada uno de ellos. Se
17 Ibídem, p. 22.
153

entiende todo el trabajo del despacho como un proceso continuo donde los diferentes
proyectos se contaminan unos a otros y es en esa continuidad no necesariamente
lineal donde se encuentra uno de los fundamentos de la consistencia interna de FOA:
“Hemos descubierto que necesitamos aprender y transferir información de un
proyecto a otro. Por ejemplo, el Parque Litoral de Barcelona llegó después de hacer
el concurso para el Parque Downsview de Toronto, donde ya habíamos desarrollado
un acercamiento al paisaje.”18
De esta forma, quieren establecer una analogía entre el proceso por el que se
desarrolla un proyecto arquitectónico y la evolución de las especies. Se trata de
entender, como ya se ha dicho antes, que el proyecto tiene vida propia y que a partir
de un sistema inicial de generación, de unos ciertos inputs y condicionantes externos,
el proyecto evoluciona y se modifica. “Nuestro árbol filogenético pretende clasificar
los proyectos en series de diferentes organizaciones espaciales, fundamentalmente
formales. La intención no es repetirlas o replicarlas sino identificar características
espaciales en proyectos individuales que puedan ser cultivadas o desarrolladas en
otros ecosistemas.”
Se trata de “un depósito coherente de especies arquitectónicas que puede proliferar,
mutar y evolucionar en los próximos años: un banco genético.”19
18 Ibídem, p. 10.
19 Ibídem.

154

Fig. 19: Árbol filogenético, Proyecto de Parque Litoral, 2003.

155

En la clasificación de las especies de FOA, se manifiesta que la generación de los
proyectos se ha producido a partir de una serie de phyla o diagramas abstractos, que
han evolucionado según siete categorías transversales. Estas categorías son las
representadas en el siguiente cuadro20:
- suelo: la construcción de un suelo conectFunción ivo
- envolvente: encerrar el espacio
Facialidad - unifacial: el espacio está seccionado por una sola capa
- multifacial: el espacio está seccionado por varias capas
-constante (paralelo/perpendicular): la superficie permanece constante en
su alineación a la gravedad
Equilibrio
- variable: la superficie alterna su orientación dentro del proyecto
- plano: la superficie no presenta ninguna singularidad, es continua
- ondulado: la superficie presenta algunas deformaciones locales, pero no
posee interrupciones
- angulado: las singularidades son más acentuadas, la tangente varía en
más de 90º
- perforado: la superficie se interrumpe localmente
Discontinuidad
- bifurcado: la superficie se interrumpe localmente pero sigue continua a
distinto nivel, capa o espacio
- orientado (estriado/ polar): las singularidades de la superficie se organizan
siguiendo una ley coherente
Orientación
- no-orientado: la organización es aleatoria
Geometría - continuo: variación continúa a la tangente
- discontinuo: aparición de bordes o surcos
Diversificación - tramado: las discontinuidades se producen de forma regular
- contingente: las discontinuidades aparecen aleatoriamente según la
especificidad local
Esta clasificación es esquemática y combina una apariencia similar a los tratados y
manuales del siglo XIX con algunos elementos de la cultura visual contemporánea.
Por ejemplo, hay una voluntad de agrupar las categorías por colores, y los iconos
utilizados para representar gráficamente las categorías son muy actuales, con
axonometrías, individuos mostrando movimiento, etc. Finalmente, el pequeño
esquema final de cada proyecto es un icono directo que permite una identificación
20 Los datos del cuadro son originados del libro - Filogénesis. Las especies de FOA. ZAERAPOLO,
Alejandro; MOUSSAVI, Farshid, , Barcelona: ACTAR, 2003.

156

fácil de la obra a la que alude. Ese icono es una pequeña axonometría monocolor
con sombras. El color corresponde a las categorías según las cuales ha evolucionado
el proyecto.
A este respecto, es destacable la exposición Species-foa phylogenesis sobre el
trabajo de FOA (Fig. 20). Es importante insistir en la importancia que la exposición
concedió a la experimentación de un grafismo que resultara un vehículo idóneo para
explicar y reflexionar sobre el trabajo de FOA y su evolución arquitectónica. La
exposición Species-foa phylogenesis se llevó a cabo primero en la TN Probe Gallery
de Tokio en febrero de 2003 y posteriormente viajó a la ICA de Londres en noviembre
de 2003.
Fig. 20: Exposición Species-foa phylogenesis, celebrada en Tokio en la Galería TN-Probe, en
Febrero de 2003.

157

En la exposición de Tokio, los proyectos se presentaban tanto en paneles como en
maqueta. En el suelo aparecía el árbol filogenético que orientaba al visitante a través
de la carrera profesional del equipo de FOA a lo largo de sus diez primeros años de
trabajo. Las maquetas se colocaron en la rama del árbol que les correspondía. Los
paneles colgaban de las paredes como meta final de este recorrido genealógico.
Acerca de los paneles, cabe destacar el orden regular que seguían cada uno de
ellos. Su formato era vertical y presentaba cuatro partes. En primer lugar, se
mostraba una imagen del proyecto a un buen tamaño. Esta imagen podía ser una
fotografía de la obra construida, un render virtual del proyecto todavía no construido,
o bien un plano en dos dimensiones. Debajo, aparecía la localización del proyecto
dentro del árbol filogenético.
El esquema arbóreo se repetía en cada panel. Se situaba el icono axonométrico, y se
escribían también las categorías según las que había evolucionado el proyecto. Aquí
se añaden algunos detalles en proyección ortogonal.
La siguiente franja presentaba otra vez una imagen. En este caso, la proporción era
totalmente horizontal y mostraba un detalle de la obra. Como en la imagen superior,
podía tratarse de una fotografía real, de una fotografía de la maqueta, de un render o
de un plano bidimensional. Finalmente, en la última sección del panel, se reproducían
los planos: plantas, secciones, alzados, detalles constructivos, etc. En todo el panel,
solamente aparecía color en las imágenes.
Lo más representativo de estos paneles era la estructuración de los distintos
proyectos de manera homogénea y, también, la austeridad y la racionalidad de los
dibujos 2D. La severidad de los planos contrastaba con las formas exuberantes y
llenas de color de los modelos tridimensionales. Este contraste entre tipos de
representación dejaba patente el interés de FOA por dejar que los discursos
interfieran entre sí, por no agotarse en una sola línea de trabajo. Si en el rigor de los
planos en 2D se aludía al compromiso, en las fotografías, renders o maquetas, se
insinuaba esa voluntad de dejar que el proceso proyectual se enriquezca con todo

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tipo de interferencias o requerimientos, ya sean de los usuarios o del entorno. “Para
poder comunicar un proyecto, se necesita tener modos de hacer que resuenen con
otras realidades. Y con cuantas más realidades resuene el proyecto, mayor interés
tendrá, porque pertenecerá a más gente. La limitación de la arquitectura
representativa es que el proyecto resulta demasiado unívoco, con una resonancia
limitada porque la imagen o la historia adquieren más presencia que la
organización.”21
De este modo vemos cómo el equipo de FOA puede ser entendido como una de las
vías que en la actualidad está apostando por una arquitectura de la complejidad,
explorando formas propias de expresarla y representarla que surgen como
pensamiento fluido y flexible vinculado a los procesos de nuestro mundo actual,
donde la tecnología digital está transformando modos de vida en permanente
evolución.
21 DÍAZ MORENO, Cristina; GARCÍA GRINDA, Efrén, “Complejidad y consistencia. Una
conversación con Farshid Moussavi y Alejandro Zaera”, El Croquis 115-116 [I], 2003.

ARTICULO LUIS ARENAS-Z.Bauman, Paisajes de la Modernidad

Enviado a Daimon (postal y correo-e) el 28/05/2010ZYGMUNT BAUMAN: PAISAJES DE LA MODERNIDAD LÍQUIDA

Luis Arenas
(Universidad de Zaragoza)
luis.arenas@unizar.es



Resumen: La idea de “modernidad líquida”, un concepto que Zygmunt Bauman, reciente premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, introdujo hace algo más de una década en su intento de capturar el presente, ha ido abriéndose paso poco a poco hasta instalarse como una de las metáforas favoritas de nuestras sociedades para intentar comprender reflexivamente su mundo de vida circundante. En el presente artículo se intentarán ofrecer algunas claves generales de la obra del sociólogo británico de origen polaco que permitan no solo otorgar contenido concreto a esa metáfora de un “mundo líquido” sino también mostrar la conexión de esas investigaciones de Bauman con sus reflexiones sobre la fase sólida de esa misma modernidad elaboradas desde los años setenta. El propósito último es ofrecer un mapa de lectura general de una de las aportaciones más lúcidas y moralmente comprometidas de la cultura europea reciente.
Palabras clave: Modernidad líquida, ambivalencia, identidad, postmodernidad, individualización, libertad.

Abstract: "Liquid modernity" has been the concept Zygmunt Bauman introduced just over a decade in its attempt to capture the essence of the “modern times”. In the meantime, the idea of a liquid modernity has become one of the favorite metaphors to think our societies in a reflexive way. In this article I will try to offer some general keys of the work of Zygmunt Bauman in order to give an specific content to this metaphor of a "liquid world" and also to show the connection between Bauman’s investigations on the “solid phase” of the modern world and on the “liquid one”. The ultimate purpose is to provide a general map of reading of one of the more lucid and morally compromised thinkers in recent European culture.
Kew words: Liquid Modernity, ambivalence, identity, postmodernity, individualization, freedom.

ZYGMUNT BAUMAN: PAISAJES DE LA MODERNIDAD LÍQUIDA
[1]

Luis Arenas
(Universidad de Zaragoza)
luis.arenas@unizar.es



1. Pocas veces las categorías que articulan los discursos teóricos o abstractos de las ciencias humanas consiguen abrirse paso más allá de los áridos desiertos de la literatura especializada o la jerga gremial. En las escasas ocasiones en que esto ocurre, acontece un fenómeno curioso que rompe con aquella distinción de Pike, tan relevante y característica de las ciencias humanas, entre la perspectiva etic —con la que el científico social describe y objetiva una comunidad humana— y la no siempre coincidente perspectiva emic con la que la propia comunidad autointerpreta sus normas, códigos, tradiciones o costumbres. En los infrecuentes casos en que ese trasvase categorial se da, la sociedad se reconoce sin violencia en la imagen que el científico social le devuelve y sus categorías pasan a formar parte del modo que una sociedad tiene de representarse a sí misma.
Es esto precisamente lo que parece haber ocurrido con la idea de “modernidad líquida”, un concepto que Zygmunt Bauman introdujo hace algo más de una década en su intento de capturar el presente y que desde entonces ha ido abriéndose paso poco a poco hasta instalarse como una de las metáforas favoritas de nuestras sociedades para intentar comprender reflexivamente su mundo de vida circundante. La imagen de un “mundo líquido” ha prendido en el imaginario de unas sociedades que parecen haber hallado en esa idea una manera de entender algunos rasgos de nuestro tiempo pero también una explicación al difuso malestar que acompaña a su insultante riqueza económica y su intimidatorio desarrollo tecnológico.
Sin embargo, a este éxito a la hora de trascender las fronteras académicas de algunos conceptos acompaña como una sombra el peligro de una cierta mala comprensión de esas categorías y de sus acuñadores. Tampoco Bauman ha escapado a este peligro y en no pocas ocasiones puede oírse a algunos calificar a Bauman de “pensador o sociólogo postmoderno” como si esa “postmodernidad” o “modernidad líquida” que pretende describir en sus obras fuera en realidad el tipo de sociedad que su discurso quisiera prescribir. Este error —semejante al que cometería alguien que tildara a Marx de capitalista por haber escrito un libro titulado El Capital— es, de hecho, una de las razones que Bauman aducirá para retirar progresivamente de sus libros el término “postmodernidad” y pasar a emplear esa nueva metáfora líquida como término sustitutorio. Digámoslo ya: Bauman es sin duda un sociólogo de la postmodernidad, no un sociólogo postmoderno. Y lo que precisamente lleva a Bauman a rechazar una aproximación postmoderna al campo de lo social es su voluntad de mantener el impulso crítico que a su juicio debe alimentar toda teoría social digna de tal nombre. En efecto, el pecado de la sociología postmoderna y, en general, de lo que se engloba bajo la rúbrica de pensamiento de la postmodernidad, según Bauman, es haber confundido el explanandum (aquello que debía haber sido objeto de análisis: las transformaciones operadas como consecuencia de los cambios sociales, tecnológicos, económicos y culturales de las últimas décadas) con el explanans (esto es, con un discurso que fortalece y asume como propias esas mismas transformaciones y, por tanto, los rasgos identificadores del fenómeno que hay que explicar). El efecto de ese solapamiento no ha sido otro que el de convertir las disciplinas teórico-sociales o el discurso filosófico desplegado bajo los modos y maneras del pensamiento postmoderno en una suerte de suplemento ideológico —una “glosa” como en algún momento lo calificará Bauman— de ese mismo modo de vida tardocapitalista.
Bauman está lejos de esa autosatisfecha glorificación del statu quo que lleva a cabo el pensamiento postmoderno, algo que resulta evidente cuando atendemos a la manera de entender el oficio de sociólogo tal y como el pensador de origen polaco lo asume. En la que hasta el momento constituye la única reflexión autobiográfica sobre su trabajo (“Bauman on Bauman: Pro domo sua”), Bauman señala cómo a su juicio el compromiso de la sociología es indisociable de la responsabilidad por las elecciones humanas y sus consecuencias en esa incansable tarea de dar forma a nuestra humanidad: “Creo que ser sociólogo significa hacer de esa responsabilidad [consistente en colaborar a dar forma humana a nuestras sociedades] nuestra vocación” (Bauman, 2008a, 236).
Como el Horkheimer de Teoría tradicional y teoría crítica, Bauman verá sospechosamente interesada la pretensión de neutralidad que a veces acompaña a la ciencia social. La representación que la teoría devuelve de la sociedad que estudia no es una entelequia situada en un lugar puro e incontaminado sino un producto de esa misma sociedad, de modo que tal representación colaborará inevitablemente en la tarea de dar forma a esa realidad social en curso. Por eso Bauman entiende que hacer sociología es, en último término, tomar partido en una batalla por construir un determinado tipo de sociedad: “Ninguna historia de la condición humana contada mientras esa condición se está haciendo (como de hecho ocurre) es ni puede ser neutral” (Bauman, 2008a, 236). Por acción o por omisión, toda sociología es partisana.
Precisamente en razón de ese compromiso con los aspectos esenciales de la condición humana, el sociólogo deberá huir de otra tentación no menos grave que amenaza su trabajo. Ese error metodológico —presente no sólo en las ciencias sociales sino también en cierta filosofía de cuño analítico— consiste en confundir la exactitud con la verdad y en estar dispuesto a renunciar a la segunda (o en su caso a conformarse con esas migajas de verdad que constituyen multitud de afirmaciones triviales o irrelevantes pero modelizadas con un sofisticado aparataje metodológico) si es que ese resulta ser el precio que hay que pagar por objetivizar sus contenidos y reclamar para ellos el estatuto de lo científico. Frente a esa tentación positivista, que amenaza como una espada de Damocles a una sociología aún acomplejada ante los progresos de las ciencias de la naturaleza, Bauman reclamará para las ciencias humanas y, en particular para la sociología crítica, un modelo hermenéutico. La hermenéutica sociológica de Bauman estará menos interesada en salvar a toda costa la precisión de sus resultados que en considerar la relevancia de esos hallazgos para la experiencia de lo que significa ser un ser humano. Lo que todavía hay de ilustrado en esa apuesta sociológica por el cambio social consiste —como subraya el propio Bauman— en entender que esa aproximación hermenéutica puede “ayudar a la gente a tener un mínimo control sobre sus patrones de vida” (Bauman, 2008a, 238) y, sobre todo, puede contribuir a mantener vivo un orden de posibilidades vitales, afectivas, políticas o económicas aún no exploradas y, sin embargo, radicalmente diferentes a las que conforman el presente.

2. Como se dijo al inicio, los lectores más recientes de Bauman asociarán su nombre a ese gran fresco que nuestro autor viene dibujando desde hace una década en torno al concepto de “modernidad líquida”. Sin embargo, su trabajo había comenzado a abrirse paso en la palestra del debate cultural europeo mucho antes. A finales de los años ochenta Bauman publica su gran trilogía sobre lo que por contraste con la fase líquida de la modernidad podríamos denominar la “modernidad sólida” y que forman Legislators and Interpreters (Bauman, 1987 [1997]), Modernity and the Holocaust (Bauman, 1989b [1998]) y Modernity and Ambivalence (Bauman, 1991a [2005]). De estos tres libros, sin duda el que marcará un punto de inflexión en su trayectoria será Modernidad y Holocausto, galardonado ese mismo año con el prestigioso Premio Europeo Amalfi de Sociología y Ciencias sociales concedido por la Asociación Italiana de Sociología.
Desde Eichmann en Jerusalén ningún libro sobre la Shoah había despertado un debate tan amplio en círculos académicos y culturales como suscitó Modernidad y Holocausto. Lo que hacía impactante la tesis de Bauman a propósito del exterminio judío es que, a diferencia de otras lecturas que veían en él la prueba incontrovertible del fracaso del proyecto moderno, Bauman la interpretaba, muy al contrario, como una consumación lógica y nada improbable —aunque tampoco necesaria o inevitable— de un mundo que había hecho de la pureza y el orden las divisas de su ideal de progreso. Desde sus inicios, dirá Bauman, la modernidad sólida pensó la sociedad bajo la metáfora del jardín —un jardín que hay que sembrar, regar, cuidar y del que, en su caso, también es necesario arrancar las malas hierbas que envenenan, amenazan o simplemente afean la belleza y pureza final anhelada. Bastó declarar a un pueblo en particular, el pueblo judío, como esa mala hierba que se interpone en nuestro camino a la sociedad utópica o perfecta para que la posibilidad del exterminio se consumara. En el diagnóstico de Bauman, el Holocausto es el desafortunado encuentro entre el ideal moderno de pureza y un poder político absoluto dispuesto a llevar esos ideales hasta el final.
Esta lectura del Holocausto de Bauman cosechó numerosas críticas entre quienes consideraron que tal manera de interpretar lo acontecido en la Europa de los años treinta y cuarenta difuminaba el carácter específicamente antijudío del Holocausto. Pero justo lo que Bauman trataba de sugerir era ese carácter accidental que convirtió en víctimas precisamente a los judíos. Modernidad y Holocausto sugería hasta qué punto, dadas unas circunstancias ligeramente diferentes, el papel de víctima o de verdugo podría haber sido satisfecho por cualquier otro grupo étnico o religioso en cualquier otro estado europeo. Vale la pena llamar la atención sobre el hecho de que esta declaración provenga de alguien como Bauman: un judío obligado a emigrar con su familia de su Polonia natal a la URSS de Stalin huyendo de los nazis. Entre otras cosas, porque una de las paradójicas consecuencias de la lectura de Bauman del Holocausto era que llevaba consigo una rebaja de la específica culpa de Alemania en la persecución de los judíos al tiempo que rebajaba también la supuesta superioridad moral de las víctimas. Bauman recuerda que las políticas eugenésicas que sirvieron de coartada a las ejecuciones en masa en Alemania no habían sido inventadas dentro de sus fronteras. Fueron puestas en práctica durante la primera mitad del siglo XX —bien bajo la forma de esterilización forzada o bajo la forma de restricciones legales a la inmigración según criterios médicos o raciales— por democracias como Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Noruega, Francia, Finlandia, Dinamarca, Estonia, Islandia y Suiza. Por lo demás, como dirá Bauman, “las víctimas no siempre ni necesariamente demostraron su superioridad moral sobre sus verdugos; si fueron moralmente superiores fue sólo en la medida que tuvieron menos oportunidades para la crueldad” (Bauman 1993b, 24). Bauman recordará cómo los Consejos Judíos en la Alemania nazi eran las instancias que ejercían el control administrativo en los guetos y reunían información —puntualmente entregada a las autoridades nazis— a partir de la que se decidía qué habitantes del gueto debían ser los deportados a los campos de exterminio y cuáles no. Por lo demás, la actual violencia en Palestina puede servir de prueba de hasta qué punto las posiciones de víctimas y verdugos pueden llegar a ser intercambiables en el curso de apenas unas décadas…
Pero el punto que interesa a Bauman es, en realidad, otro. El horror con que asistimos en la distancia a las noticias de atrocidades o crímenes como los acontecidos en los genocidios o actos de limpieza étnica a veces se nos ofrece como un blindaje protector ante el peligro de reconocernos a nosotros mismos como potenciales verdugos de actos semejantes. Justo lo que Bauman nota con respecto a esta falacia de la autoexclusión es que para ser cómplice de una gran barbarie como la del Holocausto no es necesario odiar a nadie en particular: basta con ser indiferente, suspender nuestro sentido moral y atender simplemente a la tarea que se nos ha adjudicado de un modo eficaz, desentendiéndonos de su engranaje con el resto de otras pequeñas acciones que se coordinan con ella. Como dice Bauman: “La Modernidad no hizo a la gente más cruel; sólo inventó un modo en que gente no cruel podían llegar a hacer cosas crueles. El mal ya no necesita gente malvada. Gente racional, hombres y mujeres cómodamente instalados en la red impersonal, adiaforizada de la organización moderna lo hacen perfectamente” (Bauman 1993b, 27).
El proceso que acaba en las cámaras de gas comienza, según Bauman, mucho antes: en la burocratización, en el lenguaje cosificador, en la glorificación de los valores de la eficiencia y la racionalidad tecnológica, impersonal e instrumental que permitió llevar adelante la solución final como un caso más de producción industrial moderna, por más que en este caso se tratara de la industria de la muerte. Los avances en tecnología y en gestión permitieron que lo atroz se abriera paso sin que la mayoría de sus verdugos hubiera de enfrentar las verdaderas consecuencias de sus acciones. Este hecho —que para hacer el mal no sea necesario odiar; que baste con no tener que encontrarse en el camino con la mirada del otro— es lo que hará que la reflexión ética de Bauman vuelva una y otra vez sobre la figura de Levinas. Es el rostro del Otro el que me interpela como sujeto moral y su ausencia o su distancia —como lo prueban los experimentos de Stanley Milgram que Bauman cita— es lo que abre la posibilidad de que me desentienda de mis obligaciones morales para con él. Pero es esa distancia de la mirada del Otro la que se ha abierto con la burocratización administrativa y la tecnología; con la cuantificación y la mecanización ciega que caracteriza la modernidad: “Mientras uno no vea los efectos prácticos de su acción, o mientras sea incapaz de relacionar, sin ambigüedad, lo que vio con esos actos inocentes y minúsculos como son apretar el botón o apuntar un nombre en una lista, es poco probable que aparezca un conflicto moral o es probable que aparezca en forma de silencio” (Bauman, 1989b, 194 [1998]).

3. Pero si Bauman se ha aupado hoy como uno de los referentes del pensamiento contemporáneo es, sobre todo, por su agudo diagnóstico de la “líquida vida moderna”. Desde la década de los noventa, Bauman viene haciendo un minucioso y exhaustivo análisis de las implicaciones sociales del tránsito de la fase sólida a la fase líquida de la modernidad. Apenas hay un tema sobre el que no haya depositado su escalpelo teórico: la ética, la globalización, el consumo, el individuo, el trabajo, la utopía, el arte, la ciudad, el amor, la muerte, el sexo, los extranjeros, la comunidad, la identidad... Todos y cada uno de esos temas son diseccionados una y otra vez por la mirada de Bauman en una suerte de continuo ritornello que ofrece una perspectiva del mundo actual voluntariamente asistemática pero al mismo tiempo precisa y extremadamente coherente. Como relata en una entrevista: “En todos mis libros constantemente entro en la misma habitación, sólo que entro por diferentes puertas, de modo que veo las mismas cosas, los mismos muebles, pero desde una perspectiva diferente” (Welzer, 2002, 109).
Si hubiera que resumir la idea nuclear que recorre todos estos análisis en una sola palabra, ésta sería: ambivalencia. El paso de la fase sólida a la fase líquida de la modernidad se caracteriza por un proceso de constante y continua desregulación que afecta a todos los ámbitos de la vida (el trabajo, las relaciones personales, el compromiso político, las relaciones familiares, los marcos regulativos, las reglas de juego social a largo plazo, la propia identidad, etc.). Ese proceso —supuestamente orientado a garantizar mayores cotas de libertad en el espacio social— deja, sin embargo, como residuo inextirpable un incremento en la inseguridad y en la ansiedad con la que enfrentamos nuestras vidas como resultado de la incertidumbre que tal emancipación genera. Y lo que es peor: echa sobre los hombros privados de los individuos el pesado fardo de una responsabilidad que en la fase sólida de la modernidad se asumía como una carga socialmente compartida.
Pensemos, por ejemplo, en la libertad. La modernidad líquida entiende la libertad como emancipación de jerarquías o de discursos normativos que constriñan las voluntades de los individuos. La modernidad líquida se siente una sociedad más libre porque no se ve obligada ya a practicar la obediencia a Dios, a un monarca absoluto, a un líder, al padre, al Estado, a los imperativos de la moralidad o a los compromisos con la historia. Pero si entendemos la libertad no sólo en su dimensión negativa (como emancipación de una norma, esto es, como desregulación) sino como capacidad positiva para llevar adelante las propias intenciones, está claro que esa libertad requiere de algo más que simplemente remover los obstáculos externos que nos impiden actuar. Es preciso que pongamos en marcha los recursos que pueden dar contenido a esa libertad en términos positivos. No es posible, pues, hablar de libertad sin hablar de igualdad material, como pretende el neoliberalismo económico. Libertad e igualdad son conceptos conjugados. En caso contrario, bajo el pretexto de una desregulación liberalizadora lo que estamos haciendo es en realidad modificar la antigua regulación por una nueva basada ahora exclusivamente en los mecanismos e intereses del mercado.
Quizá es eso lo que ha ocurrido con el concepto de libertad que manejamos en la modernidad líquida: ha sido adelgazado a tal extremo que la figura del consumidor ha pasado a ser el epítome y el único modelo de sujeto libre que nos cabe concebir. Y así, ya se trate del amor, el trabajo, la política o la propia identidad, la mentalidad contemporánea ve el mundo como un inmenso contenedor de objetos potenciales de consumo. Pese sus promesas oficiales, lo que caracteriza a una sociedad basada en el consumismo es que la felicidad se asocia no tanto a la gratificación de los deseos, cuanto a un “aumento permanente del volumen y la intensidad de los deseos” (Bauman, 2007b [2007, 50]). Sin este aumento escalar y siempre creciente, el circuito de la sociedad de consumo se colapsa y, por tanto —y de manera paradójica—, una sociedad basada en el consumo sólo puede tener éxito al precio de que logre una perpetua insatisfacción de los consumidores (Bauman, 2007b [2007, 71]): que cada uno de nosotros esté dispuesto a reconocer la inmediata obsolescencia del bien adquirido (ya se trate de un nuevo coche, una nueva relación laboral, una nueva amistad, un nuevo amor o un nuevo partido político) y se lance a la búsqueda del siguiente producto que, esta vez sí, vaya a satisfacer por completo nuestras necesidades, deseos e intereses. Y así indefinidamente… De modo que en el fondo, en las sociedades de consumo la libertad se trastoca en una nueva obligación no menos imperiosa: la obligación de consumir. A diferencia del mundo sólido de la primera modernidad, lo que constituye una losa ahora es el inagotable horizonte de alternativas. Los sufrimientos en el mundo líquido provienen más del exceso de posibilidades que del exceso de prohibiciones (Bauman, 2007b, [2007, 130]).
Una de las consecuencias de que sea el mercado el único regulador de los intercambios sociales y de los vínculos humanos es la descomposición de la comunidad en sentido político
[2]; pero otra consecuencia no menos significativa es la obligación de los propios individuos de convertirse ellos mismos en producto para poder adquirir plena carta de ciudadanía social: “En la sociedad de consumidores nadie puede convertirse en sujeto sin antes convertirse en producto, y nadie puede preservar su carácter de sujeto si no se ocupa de resucitar, revivir y realimentar a perpetuidad en sí mismo las cualidades y habilidades que se exigen en todo producto de consumo. La “subjetividad” del “sujeto” […] está abocada a la interminable tarea de ser y seguir siendo un artículo vendible” (Bauman, 2007b [2007, 25-26]).
Como es natural, dado este marco en que el derecho a la existencia y a la ciudadanía se gana gracias sólo a la capacidad del sujeto para acreditarse como consumidor competente, la modernidad líquida deja tras de sí un ejército de parias y excluidos entre los incapaces de participar en el nuevo (y único) espacio de la vida pública: son los pobres, los indolentes, los mendigos, los sin techo, los parados, los drogadictos, los poco dotados, los inmigrantes ilegales, las madres solteras; todos ellos socialmente excluidos porque, de acuerdo con esta nueva lógica, carecen de capacidad de comprar y tampoco tienen nada que vender. Constituyen la nueva mala hierba del jardín de la modernidad líquida, como los judíos lo fueron en la fase sólida de la modernidad (Bauman, 1998a [2000] y 2003b [2005]).
Y es que en la modernidad líquida la pobreza tiene siempre algo de sospechoso. Desde el instante en que el progreso como categoría de la modernidad sólida se ha privatizado en el mundo líquido y la mejora de la sociedad ha dejado de ser algo en lo que esté implicada la sociedad como un todo para pasar a ser una tarea individual, la pobreza sólo puede ser el síntoma de una flaqueza de la voluntad, de la carencia de talento o, aún peor, de una actitud terca y obstinadamente antisocial. Con la particularidad de que, como comenta Bauman, “vincular la pobreza con la criminalidad tiene otro efecto: ayuda a desterrar a los pobres del mundo de las obligaciones morales” (Bauman, 1998a [2000, 120]).
El resultado de ese generalizado proceso de privatización de la vida es que ya no hay nadie a quien acudir en busca de auxilio o protección. Al contrario: el sistema de lealtades mutuas en que descansaba el pacto social ha quedado roto y a partir de ahora el individuo tendrá que cargar con la responsabilidad de gestionar esa libertad que tan insistentemente reclamaba. Ahora bien, a partir de ahora tendrá que gestionarla solo. Y así, en nuestro mundo líquido, la enfermedad será vista como un fracaso personal en nuestra obligación de mantener nuestro cuerpo sano; la soledad, una derrota social por no haber hecho de nosotros alguien suficientemente atractivo; los achaques de la vejez, una circunstancia que no hemos sabido mantener a raya llevando una vida saludable; el paro, una muestra de nuestra incapacidad para hacernos deseables en el mercado de trabajo. El resultado de esta privatización es que “en la sociedad postmoderna de consumidores el fracaso redunda en culpa y vergüenza, no en protesta política” (Bauman, 1991a, 261 [2005]).
Y en ese instante descubrimos entonces que la libertad que se le ofrecía al individuo era, como dice Bauman, “una bendición a medias”; y en todo caso no era gratis: tenía como contrapartida el peso de la carga que con ella se echaba a sus espaldas al asumirla. La supuesta libertad en realidad encierra tan solo una obligación de otro tipo. El nuevo imperativo categórico de la modernidad líquida reza así: “Juega bien tus propias cartas. Es lo único que tienes” (Bauman, 1998a [2000, 116]).

4. Este movimiento perpetuo y esa responsabilidad son las que también afectan a la identidad de los individuos y las que otorgan ese característico “estado líquido” a nuestras vidas. En el mundo antiguo la identidad individual era el resultado de una heterodesignación: adscrita desde fuera, se producía como resultado de haber nacido con un determinado sexo, en una determinada comunidad, en un estamento social concreto. La movilidad social resultaba una remota excepción. Sin embargo, en el mundo de la modernidad sólida, la identidad de los individuos era ya algo por lo que estos debían luchar; un logro que era necesario presentar como certificado de una vida no fallida. El carácter de hombre o mujer “hecho a sí mismo” constituía un desideratum y la tarea en la lucha por la individuación consistía en asumir el reto de configurar, perfeccionar y dar coherencia a esa identidad vivida como una elección consciente y asumida. “La modernidad cargó sobre el individuo la tarea de su autoconstrucción: elaborar la propia identidad social, si no desde cero, al menos desde sus cimientos. La responsabilidad del individuo —antes limitada a respetar las fronteras entre ser un noble, un comerciante, un soldado mercenario, un artesano, un campesino arrendatario o un peón rural— se ampliaba hasta llegar a la elección misma de una posición social, y el derecho de que esa posición fuera reconocida y aprobada por la sociedad (Bauman, 1998a [2000, 49]). Lo que de moderno hay aún en nuestro mundo es que esa identidad todavía debe ser conquistada, como en la época de la modernidad sólida; lo que de líquido hay en él es que esa conquista se sabe volátil, parcial, momentánea y efímera.
Pensemos en el trabajo. En la modernidad industrial el trabajo era la principal coordenada alrededor de la cual se planificaban y ordenaban todas las demás actividades de la vida. Otorgaba sentido a una vida en la medida en que el trabajador podía asumirse como partícipe de una tarea colectiva que contribuía al soporte de su familia, de sus semejantes, de la nación o de las generaciones futuras. Tras él se escondía una ética del trabajo basada en el compromiso mutuo, la voluntad de servicio, la lealtad y la confianza, incluso entre el capital y la mano de obra. Como recuerda Bauman, “cualquier aprendiz que comenzara su carrera laboral en Ford podía estar seguro de que terminaría su vida laboral en el mismo lugar” (Bauman, 2000 [2000, 155]). Sin duda esa estabilidad encerraba conflictos y tensiones, pero esos conflictos comprometían a las dos partes porque ninguna —ni el capital ni el trabajo asalariado— podía prescindir de la otra. Hoy, sin embargo, la volatilidad de los vínculos laborales hace que carezca de sentido construir una identidad sólida sobre el eje del trabajo. El descubrimiento de una vocación puede constituir más una condena que una salvación, dado que nadie garantiza que esa llamada pueda ser seguida durante mucho tiempo. La preparación para el trabajo insiste más bien en la flexibilidad, en el aprendizaje de competencias generales, en la formación continua, ya que cualquier conocimiento adquirido hasta la fecha puede resultar de poca utilidad en el siguiente empleo. Según algunas encuestas un joven norteamericano con formación superior puede esperar cambiar de trabajo no menos de once veces de media en el transcurso de su vida (Bauman, 2000 [2000, 157]). En ese horizonte la relación con el trabajo se ha convertido en un vínculo poco dado a la procrastinación o a la apuesta a largo plazo. Conviene no poner más expectativas o fidelidades en la empresa actual que las que quepan en una caja de cartón. Al fin y al cabo, como esos asalariados de Lehman Brothers que se veían vagando por las calles de Nueva York con sus pertenencias, eso es todo lo que nos llevaremos de allí el día que dejemos la empresa.
Algo parecido acontece con nuestra identidad. El individuo del mundo líquido se encuentra atrapado entre la necesidad de construirse una identidad propia —en nuestro mundo aún es preciso “ser uno mismo”— y el peligro de que esa identidad constituya un lastre demasiado pesado para continuar el viaje. El modo como resuelve el sujeto postmoderno esta contradicción pasa por “ser uno mismo”, sí; pero no el mismo durante mucho tiempo. La identidad postmoderna es rizomática, proteica. Su estructura es la de un palimpsesto donde nuevos grafos se inscriben sobre los antiguos desplazándolos, metamorfoseándolos, haciendo de la elaboración de un “yo” siempre renovado una tarea inacabable.
Para ello el individuo “saturará” esas variables de su identidad con rasgos o contenidos que incorporará de nuevo de acuerdo con una lógica de consumo propia del mercado. Será ese mercado el que nos proporcione identidades-tipo bajo la forma de expertos, terapeutas, consejeros, monitores, personal shoppers, personal trainers, psicólogos, cazadores de tendencias; en definitiva, especialistas revestidos con suficiente autoridad para saber lo que está in y lo que está out y disponerlo en kits de identidad y símbolos de life-style ya prefabricados y listos para su consumo inmediato. Con ello, además de librarnos de los quebraderos de cabeza de la autoconstrucción, se nos garantiza el carácter ya socialmente testado de esas identidades que no necesitan de ulterior negociación para ser socialmente aprobadas (Bauman 1991a, 206 [2005]). Así que “como los bienes de consumo, las identidades no deben cerrar el camino hacia otras identidades nuevas y mejores, impidiendo la capacidad de absorberlas. Siendo este el requisito, no tiene sentido buscarlas en otra parte que no sea el mercado. Las identidades compuestas, elaboradas sin demasiada precisión a partir de las muestras disponibles, poco duraderas y reemplazables que se venden en el mercado, parecen ser exactamente lo que hace falta para enfrentar los desafíos de la vida contemporánea” (Bauman, 1998a [2000, 51]). Las identidades en el mundo líquido han de ser como un manto liviano, listo para ser arrojado a un lado en cualquier momento. En Silicon Valley circula el término “lastre cero” para referirse a aquellos trabajadores que carecen de compromisos u obligaciones (no tienen esposa o hijos, no les importa cambiar de ciudad para un nuevo trabajo, están dispuestos para aceptar tareas extras o ser reasignados y reubicados en cualquier momento). En las entrevistas de trabajo se llega a preguntar por el coeficiente de lastre que uno arrastra. En el mundo líquido, el lastre cero es un óptimo vital.
Y esa fluidez que caracteriza la identidad, es también el nuevo patrón en los vínculos afectivos de la modernidad líquida. La nuestra es la época del “amor líquido” (Bauman, 2003a [2005]). La ambivalencia reaparece una vez más bajo una forma renovada: ansiamos las relaciones personales; sentimos la necesidad de cobijo y resguardo afectivo en los demás, pero molesta y aflige la carga que acompaña las relaciones sólidas. Los vínculos afectivos dejan de ser el lugar de lealtades inquebrantables y de compromisos a largo plazo. Su continuidad está asegurada sólo si (y mientras que) son capaces de seguir manteniendo los réditos que hasta ahora rindieron. Como en la economía real, una terca ley del rendimiento decreciente rige los lazos de la economía afectiva en la modernidad líquida: a partir de cierto nivel de compromiso, las relaciones se convierten en una carga, un peso que nuestra liviana condición no está dispuesta a asumir durante demasiado tiempo. De nuevo, el óptimo aquí lo constituyen relaciones cuya desconexión pueda producirse a golpe de un click de ratón. No es extraño, por ello, la irrupción imparable de las redes sociales en internet. De hecho, su éxito inmediato junto al desplazamiento semántico que supone pasar de la antigua idea de sociedad o de comunidad a la idea de red social que domina la concepción de la vida en común es todo un termómetro ideológico que apunta a la contingencia y volubilidad de esta nueva manera de entender el “estar juntos”. El capital afectivo que ahora acumulamos se mide en términos del número de contactos (significativa palabra) que tenemos añadidos a nuestra página de Twiter o de Facebook: una legión de ocasionales interlocutores cuyo rostro ha sido jibarizado a las dos dimensiones de la fotografía (cada día nueva, cada día diferente) que exhibe la interfaz. Que nuestra comunicación con ellos no pase de los 140 caracteres parece ser lo menos importante; más tranquilizador resulta que nos podemos deshacer de ellos, llegado el caso, oprimiendo la opción “no disponible” en la pantalla del ordenador. Las relaciones que se imponen son, pues, como la literatura para leer en el metro o en el autobús, “relaciones de bolsillo”, “que se pueden sacar en caso de necesidad, pero que también pueden volver a sepultarse en las profundidades del bolsillo cuando ya no son necesarias” (Bauman, 2003a [2005, 9]).
Contra este simple Mitsein (estar con el Otro) Bauman sugiere la necesidad de luchar a brazo partido por mantener abierta la posibilidad de lo que Levinas denominaba el Fursein (estar para el Otro), un modo de relacionarse que no tenga miedo a ensuciarse con el roce o el desgaste que supone un verdadero ejercicio de comunicación humana. Entender los vínculos personales como algo cuyo valor debe ser sometido a un periódico chequeo para saber si vale la pena continuar con ellos, como si de un auto se tratase, ignora el compromiso moral que hay detrás de cualquier relación humana digna de tal nombre.
Así pues, la misma seguridad y certidumbre de la modernidad sólida que ha dejado de protegernos en el mundo laboral, económico o sanitario tras el progresivo desmantelamiento del estado de bienestar al que venimos asistiendo es la que ahora desaparece del horizonte íntimo. De nuevo se trata de una bendición a medias. Nos alivia saber que, en caso de equivocarnos, siempre estará abierta la posibilidad de un nuevo comienzo. Sentir que toda opción íntima es reversible se vive como una liberación. Pero ese alivio es, en el fondo, un alivio de luto: la libertad de quien se sabe religado a sus semejantes por frágiles lealtades —válidas sólo “hasta nuevo aviso”— deja su cicatriz bajo la forma de la angustia e incertidumbre con la que cada uno de nosotros ha de convivir a diario sabiendo de nuestra propia condición prescindible.
Así pues, el estado de bienestar que prometía la modernidad sólida ha dejado paso a un difuso estado de malestar que acecha por doquier al sujeto postmoderno: en el trabajo, en la familia, en el ámbito de las relaciones de amistad, en el amor, en la sexualidad, en la vida pública, en nuestra relación con la infancia, con el extranjero, con la enfermedad o con la muerte. De ese sintomático malestar da buena cuenta la inflación psicologista en que viven sumidas las sociedades tardocapitalistas. La vida se ha convertido en un pesado fardo que precisa del concurso de un terapeuta para poder ser arrastrado. Y es que es esa misma vida la que ha pasado a vivirse en parte como una borrosa y difusa enfermedad, cuyo carácter crónico procede del hecho de que intenta lo imposible, la “cuadratura del círculo”: lograr la ansiada libertad de quien lo quiere todo y lo quiere ahora pero sin pagar el precio de una inseguridad y una incertidumbre por el futuro que mina la propia capacidad de agencia de los individuos. El psicólogo, el terapeuta, el sanador, el asesor matrimonial, el echador de cartas son los primeros y más beneficiados testigos de esos “miedos líquidos” que dan forma a nuestro desconcierto y nuestro desasosiego ante la imposibilidad de lograr “cuadrar el círculo” de una vida condenada a vivir “en fragmentos” (Bauman, 1995).

5. Bauman nació el 18 de noviembre de 1925, en Poznam (Polonia), en el seno de una humilde familia judía, obligada a huir a Rusia en 1939 bajo la amenaza del nazismo. Miembro del ejército polaco en el exilio, luchó contra los nazis en la II Guerra Mundial, antes de afiliarse al partido comunista polaco en 1951. Por esas mismas fechas alcanzó el puesto de profesor de ciencias sociales en la Universidad de Varsovia. El mismo régimen comunista por el que él había tomado las armas y que había contribuido con otros a fundar le obligó a abandonar su cátedra por permitir en 1965 la publicación de una carta de unos estudiantes crítica con el sistema socialista. Acusado de alimentar la revuelta estudiantil y de corromper la juventud (como Sócrates), se le retiró su derecho a enseñar y se vio obligado a abandonar Polonia para iniciar un largo periplo que le llevaría a Israel, Canadá y Australia antes de encontrar refugio en la universidad británica de Leeds, donde desarrolló desde 1970 hasta su jubilación su carrera como docente.
Años más tarde, la Universidad Carolina de Praga le honraría con la concesión del doctorado honoris causa. Los organizadores del evento le hicieron saber que en la ceremonia de investidura debería elegir el himno que quería que sonase en su toma de posesión: le dieron a elegir entre el himno polaco y el de Gran Bretaña, dado que con el tiempo Bauman se había nacionalizado británico. El propio Bauman comenta que fue una decisión difícil, que enfrentó, también él, con un sentimiento de ambivalencia: era y se sentía polaco, pero Polonia le había arrebatado su derecho a vivir y a enseñar en su país; Inglaterra le había acogido con los brazos abiertos pero allí era y se sentía un inmigrante a pesar de los años transcurridos. Fue su mujer, Janina, la que le ofreció la solución a este dilema: “¿Y por qué no el himno europeo?”. Bauman no lo dudó un instante. Permítanme citarlo: “Efectivamente, ¿y por qué no el himno europeo? Sin duda europeo sí que era y nunca lo he dejado de ser: nacido en Europa, que vive en Europa, que trabaja en Europa, que piensa como europeo, que siente como europeo, y, lo que es más, hasta ahora no hay delegación de pasaportes con autoridad para expedir o desestimar un “pasaporte europeo”, ni, por tanto, para conceder o denegar nuestro derecho a llamarnos europeos. Nuestra decisión de pedir que se interpretara el himno europeo era inclusiva y exclusiva al mismo tiempo […] abrazaba los dos puntos de referencia alternativa de mi identidad pero, al mismo tiempo, anulaba como menos relevantes o irrelevantes, las diferencias existentes entre ellas y, por tanto, también una posible quiebra de identidad” (Bauman, 2005, 28-29).
Creo que la anécdota es significativa. Al fin y al cabo, por una vez y sin que sirva de precedente, alguien había sido capaz en este mundo líquido de cuadrar uno de los muchos círculos que nos acosan. Y ello en el fondo nos habla de la esperanza con que, a pesar de todo, Bauman nos insta a enfrentar el futuro, un futuro que, como se encarga de recordarnos continuamente, no está hecho y que está en nuestra mano modificar. Tal vez para ello lo único que necesitamos es lo que Janina Bauman le ofreció a su compañero de toda la vida: un afortunado golpe de imaginación.
BIBLIOGRAFÍA:

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En otros idiomas:

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[1] Este trabajo ha sido realizado en el marco del Proyecto de Investigación “Espacio y Subjetividad: ampliaciones y quiebras de lo subjetivo en la ciudad contemporánea” (Hum2007-60225)

[2] “Víctimas de las presiones individualizadoras, los individuos están siendo progresiva pero sistemáticamente despojados de la armadura protectora de su ciudadanía y expropiados de su habilidad e interés de ciudadanos. En estas circunstancias, las perspectivas de que un individuo de iure se transforme en un individuo de facto (o sea, aquel que controla los recursos indispensables de una genuina autodeterminación) son cada vez más remotas” (Bauman, 2000 [2000, 46]).